lunes, marzo 31, 2014

Evolución neurológica humana ¿Ortogénesis?

Uno de los enunciados o leyes que se expusieron en la formación de la teoría sintética, corresponde a la denominada como la Ley de Cope, la cual recoge el hecho, conocido en el registro paleontológico y biológico, de la aparente tendencia de aumento de tamaño a medida  que el linaje de un determinado género evolucionaba, hecho que se llamó ortogénesis. Estas ideas significaban una forma evolutiva rectilínea, como una sucesión de variaciones que se producían en un mismo sentido, pareciendo que todo cambio era la acentuación de las formas morfológicas precedentes (Hofter, 1959).

Representación clásica del aumento cerebral 

Así, daba la impresión de que existiera una progresión hacia un objetivo ideal, siendo muy bien aceptado para explicar la evolución humana. Se mostraría lo que parecía evidente dentro de la cultura del momento, como era el sucesivo progreso del género Homo en sus características humanas, tanto físicas como intelectuales, y relacionar desarrollo cognitivo con el simple aumento del volumen cerebral.

En la actualidad, la propia teoría sintética niega la existencia de tales direcciones evolutivas, indicando la falsedad de la ortogénesis descriptiva (Devillers y Chaline, 1993; Stanley, 1986). De este modo, ya no se habla de ortogénesis, sino de tendencias evolutivas o selección direccional, como un fenómeno que representa la continuidad de una modificación, de forma más o menos continua, a lo largo de grandes intervalos de tiempo (Ayala, 1980, 1994; Del Abril et al. 1998).

Las dudas sobre la certeza de los procesos de ortogénesis, se basan en el convencimiento actual de que cada especie tiene un pasado evolutivo muy ramificado, realizado como consecuencia del azar, de los cambios producidos y de la necesidad de superar los requisitos de la selección natural. Las tendencias evolutivas deben considerarse como consecuencias secundarias de la expansión del volumen y variación morfológica presente en un sistema, y no forzosamente como repuesta directa a algo que lo desplazaría en una dirección precisa. Así, la percepción de las tendencias evolutivas, es fruto de los intereses exclusivos y miopes, por estudiar o dar mayor interés a los objetos nuevos que se encuentran en el extremo de la diversidad de los sistemas (Gould, 1997; Stanley, 1986).

La diversificación de las especies presenta un aspecto de arbusto muy ramificado, donde el seguimiento de una determinada forma por algún interés especial (como es el caso de la especie humana), hace que se siga en el intrincado ramaje evolutivo su linaje y al expresarlo, dar la impresión que tiene forma de una línea más o menos directa, casi única y con una clara tendencia evolutiva hacia las formas morfológicas que nos definen. La realidad nos muestra que existieron varias formas anatómicas coetáneas, muy parecidas entre sí, todas con capacidades parecidas, aunque no iguales. Esto pudo ser la causa de que una de ellas pudiera diferenciarse del resto al desarrollar ciertos elementos culturales que facilitaron su desarrollo cognitivo y el dominio sobre el medio ambiente que le rodeaba, imponiéndose al resto de homínidos del entorno.

Selección natural embriológica

Sin embargo siempre nos queda la cuestión del porqué de ese continuo aumento cerebral, disperso y ramificado y, por supuesto, sin una meta prefijada. El azar de las mutaciones no parece que hable a favor de estas tendencias, pues estadísticamente las probabilidades de que se produzcan los mismos o parecidos cambios genéticos en diversas ocasiones en mayor número que otros cambios genéticos, no cuadran con la evidencia paleontológica humana y de otras entidades biológicas.

A este respecto, habría que añadir que aunque el azar rige la causalidad de los cambios, no todos las posibilidades son viables en la naturaleza, por lo que puede haber cierta propensión a que los cambios se produzcan dentro de un pequeño margen, ya que existen limitaciones de ciertas formas de variación genética que la embriogénesis no puede desarrollar, al ser incompatibles con la propia fisiología fetal. En este sentido podemos hablar de una selección natural embriológica.

Casi siempre que se habla de selección natural parece que nos referimos a la actuación del medioambiente sobre los seres humanos desde su nacimiento. Pero lo cierto es que el principal método de selección natural se produce en el periodo embrionario. Los abortos o interrupciones del embarazo son en la actualidad muy numerosos, y aunque sepamos que la inmensa mayoría de ellos se produce por malformaciones genéticas incompatibles con el adecuado desarrollo embrionario, no podemos afirmar ni comprobar que algunos de ellos si podrían suponer mejoras adaptativas postnatales, pero no embrionarias.

Por tanto, debemos ampliar el concepto de selección natural o adaptabilidad al medio en el que vive en ese momento todo ser vivo, estableciendo una estrategia jerarquizada a la actuación de la propia selección natural. El criterio básico de la selección es el de eliminar aquellas formas de vida que no puedan sobrevivir en su medio natural, ya sea por su propia ineficacia fisiológica en el período embriológico o por la presión selectiva que presenten los medios ambientales y sociales en los períodos postnatales. Ya desde el mismo momento de la gestación, se producen situaciones en el ámbito molecular que pueden impedir la continuidad del desarrollo del huevo fecundado (Eldredge, 1997; Lima-De-Feria, 1983).

Paralelamente, durante el desarrollo embriológico se producen situaciones similares que imposibilitan la continuidad del desarrollo embrionario, provocando el aborto. No existe una gama continua de resultados finales, pues sólo es posible un número limitado de ellos (Alberch, 1980, 1982; Devillers, Chaline y Laurin, 1989; Domínguez-Rodrigo, 1994).

Desde esta perspectiva, es fácil pensar que no todos los cambios morfológicos son posibles, manteniéndose aquellos que respeten la fisiología del embrión. Entre los cambios con posibilidad de llegar a buen fin, los acaecidos en pautas anteriores del último cambio anatómico, y que superaron las pruebas de la selección natural, tendrán más éxito que otras vías de cambio nuevas que, como es lógico, no tienen porqué ser exclusivas.

Por tanto, determinados cambios anatómicos tienen más probabilidades de producirse, dando lugar a diversas formas fenotípicas que, en su conjunto, dan la impresión de la existencia de una tendencia evolutiva, dentro del arbusto configurado por los cambios morfológicos que suceden dentro de las diversas poblaciones. La actuación de la selección natural puede actuar en diversos niveles jerárquicos, con diferentes formas de actuación, que en el período formativo, embrionario o prenatal puede realizarse de dos formas de influenciar sobre el desarrollo embriológico:

* Existe una relación indirecta entre este proceso y el medio ambiente, que se produciría a través de la madre. Principalmente serían las características del medio interno materno las que influenciarían en el proceso de embriogénesis, correspondiendo con las alteraciones de nutrición por parte de la madre, ingesta de drogas, hormonas, stress, alcohol, tabaco, etc. En conjunto afecta al normal crecimiento embriológico, pero no parece que tenga influencia sobre las variaciones genéticas causantes de los cambios evolutivos que pudiera tener el embrión.

* Los propios mecanismos embriológicos de mantenimiento de su fisiología, sí serían por si mismos controladores de las variaciones genéticas que pudiera presentar el embrión, eliminando aquellas que no presenten un nivel fisiológico compatible con la vida. Sólo se selecciona la viabilidad fisiológica del nuevo ser. En conjunto actuarían en dos procesos embrionarios. Primero, en el ámbito molecular limitando algún tipo de recombinaciones o de cambios moleculares determinados, al no poder ofrecer la continuación del desarrollo. Segundo, impidiendo la continuación del desarrollo embriológico, cuando los cambios morfológicos, fisiológicos re histológicos no sean capaces de mantener un mínimo la fisiología embrionaria.

El paso de la selección embrionaria a la postnatal

El inicio del parto se debe a la unión de diversos factores que obligan a su producción, entre los cuales no se encuentra la madurez neurológica que permita al recién nacido poder valerse por sí mismo en un corto período de tiempo. Esta inmadurez se aprecia en el limitado crecimiento de la cabeza del neonato, lo que debido a la propia estrechez del canal del parto, consecuencia de la locomoción bípeda, adquiere una gran importancia. En la actualidad, entre las causas que se consideran como desencadenantes del parto, se encuentran cierta incompatibilidad entre la nutrición entre el feto y el útero que le cobija y alimenta, así como del inicio de un complejo proceso neuro-hormonal en la madre (Usandizaga y de la Fuente Pérez, 1997). La inmadurez neurológica en el momento del nacimiento es tan acusada, que diversos autores consideran que los seres humanos tienen un periodo de desarrollo fetal extrauterino de doce meses, con lo que el ritmo de desarrollo fetal abarca un total de veintiún meses (Changeux, 1985). La causa de la prolongación del tiempo necesario para el desarrollo embrionario cerebral se debe al aumento cuantitativo del córtex, que necesitará más tiempo para desarrollarse y madurar.


Si hay algo evidente en todo recién nacido es su gran inmadurez neurológica, lo que le impide valerse por sí mismo durante años, formando unas de las posibles claves de la socialización humana, como solución a tan peligroso cambio evolutivo. Una vez nacido el neonato entra en relación directa con las características ambientales del medio en el que le ha tocado vivir, sería la selección natural clásica de la teoría sintética, la cual en las sociedades humanas adquiere unas connotaciones propias y diferentes al resto de las demás entidades biológicas.

En general, corresponde a la capacidad de adaptación al medio ambiente que tenga en individuo después de nacer. En su valoración global, hay que tener en cuenta los factores ambientales y ecológicos del medio, así como el nivel de socialización y cultural del grupo humano en el que se nace y se va a vivir. El aumento continuado del volumen cerebral, posible dentro del proceso embrionario, solo puede mantenerse en la fase postnatal si el medio humano presenta unos recursos culturales y sociales que permiten el mantenimiento cada vez más prolongado de la madurez de los niños. Es curioso como la selección natural postnatal se altera por medio de un proceso evolutivo de tipo lamarckianas, en oposición a la transmisión darwiniana que presentan las capacidades biológicas humanas.

La inmadurez neurológica, la gran plasticidad del sistema nervioso y la existencia de un tardío periodo crítico, son las características psicobiológicas que van a conferir al neonato un largo período de aprendizaje, imprescindible para la adquisición de la conducta que nos caracteriza.


* Angela, A. y Angela, P. (1989): La straordinaria storia dell'uomo. Mondadori, Milano.
* Alberch, P. (1980): “Ontogénesis and morphological diversification”. Amer. Zool. 20: 653-67.
* Alberch, P. (1982): “Developmental constraints in evolutionary processes”. En: Evolution and Development. Ed. J.T. Bonner, pp. 313-32. New York.
* Ayala, F.J. (1980): Origen y evolución del hombre. Alianza Editorial. Madrid.
* Ayala, F.J. (1994): La teoría de la evolución.  Temas de Hoy. Madrid.
* Changeux, J-P. (1985): El hombre neuronal. Espasa Calpe. Madrid.
* Del Abril, A.; Ambrosio, E.; de Blas, M.R.; Caminero, A.; de Pablo, J. y Sandoval, E. (1998): Fundamentos biológicos de la conducta. Sanz y Torres. Madrid.
* Devillers, M., Chaline, J. y Laurin, B. (1989): “En defensa de una embriología evolutiva”. Mundo Científico.  105. RBA S.A. Barcelona.
* Devillers, M. y Chaline, J. (1993): La teoría de la evolución. Akal. Madrid.
* Domínguez-Rodrigo, M. (1994): El origen del comportamiento humano. Librería Tipo. Madrid.
* Eldredge, N. (1997): Síntesis inacabada. Fondo de Cultura Económica. Madrid.
* Gould, S. J. (1997): La grandeza de la vida. Crítica.  Barcelona.
* Hofter, J. (1959): “Orthogenesen von Foraminiferen”. Neues Jahb. Geol. Pal. Abh., 108:239-259.
* Lima-De-Faria, A. (1983): Molecular Evolution and Organitation of the Chomosome. Amsterdam, New York, Oxford: Elsevier.
* Stanley, S. M. (1986): El nuevo cómputo de la evolución. Siglo XXI. Madrid.
* Usandizaga, J.A. y de la Fuente Pérez, P. (1997): Tratado de obstetricia y ginecología. Tomo 1. Madrid. McGraw-Hill Internacional.

jueves, marzo 27, 2014

¿Realmente tenemos preferencias?

El economista Steve Landsburg pensaba que hay sólo dos grandes misterios en el Universo: por qué existe algo en lugar de nada, y por qué bloqueamos las puertas de la nevera a la noche. Robert Kurzban en su libro Why everyone (else) is a hypocrite resuelve el segundo misterio usando para ello su teoría de la mente modular, pero como parte de su argumentación trata un tema que es, a la vez, divertido e interesante. Solemos asumir que la gente tiene preferencias, por ejemplo, que a fulano le gusta esquiar, el chocolate y su novia. Además, creemos que las preferencias están ordenadas y que me gusta más de postre el chocolate, luego la tarta de queso y luego el flan, pongamos por caso. 

Vamos a ver el misterio de la nevera. Si lo que acabamos de comentar fuera cierto, tomar decisiones sería muy fácil (yo elegiría la opción que prefiero) y también sería muy fácil predecir mi conducta: sólo habría que conocer mis preferencias. Supongamos que son las 8:00 de la tarde y he acabado de cenar. Yo sé que me voy a levantar a medianoche y que entonces tendré que responder una enojosa pregunta: ¿Me como el resto de tarta de chocolate que ha sobrado y que me estará mirando cuando abra la nevera, o me vuelvo a la cama sin tocarlo? Si nuestra creencia habitual de que tenemos preferencias fuera cierta, yo debería conocer la respuesta a esa pregunta. Si comer el pastel me diera menos placer que mantener la dieta y estar sano, la respuesta a la pregunta sería siempre la misma, no importaría que fueran las 8:00 de la tarde, o medianoche. Si prefiero mi salud, yo no debería comer el pastel y ésta debería ser mi visión a las 8:00, o a medianoche cuando esté hambriento. Si mi preferencia es no comer el pastel, no lo comeré y puedo dejar la nevera abierta; si mi preferencia es comerlo también puedo dejar la nevera abierta. 

En economía está muy extendida la idea de que la mayor parte de la conducta puede ser explicada asumiendo que los agentes tiene preferencias estables y bien definidas y que realizan elecciones racionales de acuerdo con ellas. Pero esta postura tiene muchos problemas. Empezamos: ¿Prefiero el café o el vino tinto? Creo que para la mayoría depende…depende por ejemplo de si son las 8:00 de la mañana, o las 8:00 de la tarde. Es más probable que a las 8:00 de la mañana prefiramos café y a la tarde vino. Bien, este primer problema lo podemos superar bastante bien y mantener la hipótesis de que tenemos preferencias: prefiero café a la mañana y prefiero vino a la noche. Tenemos distintas preferencias según la hora del día.

Vamos a complicarlo un poco más. Yamagishi y cols realizaron un interesante experimento. ¿Qué prefiere la gente, los bolígrafos verdes o los naranjas? Una pregunta muy sencilla…les damos a elegir y vemos lo que prefieren (la preferencia revelada). Los investigadores cogieron sujetos americanos y japoneses y les pusieron a elegir entre bolígrafos verdes y naranjas. Cuando los sujetos tenían que elegir entre 4 bolígrafos verdes y uno naranja, elegían un bolígrafo verde. ¡Aha!, la gente prefiere los bolígrafos verdes. No tanto, porque si les damos a elegir entre cuatro bolígrafos naranjas y uno verde eligen el naranja. Bueno, las dos cosas pueden ser ciertas. Podemos salvar la situación diciendo que la gente prefiere los bolígrafos que sean del color mayoritario, es una preferencia rara, pero es una preferencia. Excepto que tampoco funciona, porque la gente escoge el color mayoritario cuando son los primeros en elegir, pero si son los últimos eligen el color minoritario. 

¿Qué está ocurriendo? Pues que el contexto importa. Y si las preferencias dependen del contexto, entonces igual tenemos que especificar las preferencias según el contexto. Pero esto es muy difícil. Si yo veo que eliges un bolígrafo en lugar de otro en determinado momento, todo lo que puedo decir es que tienes una preferencia en el contexto en el que hiciste la elección. Pero es incluso peor todavía. ¿Cómo defino el contexto? El contexto pueden ser cantidad de factores que no son nada obvios, como la presencia de otros bolígrafos. Si yo concluyo que Fulano tiene una preferencia, o le gustan, los bolígrafos naranjas cuando están en minoría, cuando nadie elige un bolígrafo después de él, un martes por la tarde, y hace buena temperatura…pues aunque sea una verdadera preferencia no me sirve de nada porque la próxima vez que Fulano vaya a a elegir las condiciones no serán iguales, y no podré predecir su conducta (y muchas de las condiciones que influyen en su decisión las desconoceré).

Nisbett y Wilson son los autores de un artículo mítico en Psicología, Telling more than we can know: verbal reports on mental processes, y en uno de sus experimentos daban a escoger a unas mujeres unas medias o panties, y resulta que escogían en una proporción mayor las que estaban a la derecha. Cuando les preguntaban a las mujeres la razón de su elección ellas daban diferentes razones: la textura, el color, etc., el problema es que todas las medias eran exactamente iguales…Cuando los autores preguntaban a las mujeres si creían que podía haber influido en su elección que las medias se encontraran a la derecha, éstas les miraban como si fueran estúpidos.

Dan Ariely, en su libro Predictably Irrational cuenta un experimento en el que recluta unos estudiantes y les hace una serie de preguntas acerca del sexo, como: ¿te puedes imaginar ser atraído por una niña de 12 años? o ¿darías una droga a una mujer si eso aumentara las probabilidades de acostarte con ella? Los sujetos respondían a estas preguntas en dos situaciones, una digamos normal, y otra en la que estaban excitados sexualmente y masturbándose. Cuando los estudiantes estaban excitados respondían que sí a las dos preguntas en mayor proporción (46% frente a 23% en la primera y 26% frente a 5% en la segunda)

Resumiendo: ¿tenemos preferencias? Pues si el contexto cambia las preferencias, parece que no podemos decir que “realmente” tenemos preferencias. Tal vez lo podamos decir en un sentido muy general, como que preferimos tener más dinero que tener menos dinero, pero en cuanto descendamos a elecciones concretas la cosa se complica. Como dicen Sarah Lichtenstein y Paul Slovic: “ la variabilidad en la forma en que construimos y reconstruimos nuestras preferencias nos dice que nuestras preferencias son lábiles, inconsistentes, sujetas a factores de los que no somos conocedores, y no siempre en nuestro mejor interés. Realmente esta labilidad es tan importante que , en la mayoría de las situaciones, tenemos que rechazar la noción de preferencias verdaderas”

@pitiklinov


Referencias


Lichtenstein, S & Slovic P (2006). The construction of preference. Cambridge:Cambridge University Press.



Yamagishi, T Hashimoto H, & Schug J (2008) Preferences versus strategies as explanations for culture-specific behavior. Psychological Science,19, 579-584

Dan Ariely. Predictably irrational. The hidden forces that shape sour decisions. Harper Collins 2009

domingo, marzo 23, 2014

La Evolución y el cerebro fragmentado


¿Me contradigo?
Pues bien, me contradigo
(soy inmenso, contengo multitudes).
-Walt Whitman. Hojas de hierba. Canto de mí mismo

Robert Kurzban
La Psicología Evolucionista, al igual que la Psicología Cognitiva, asume que lo que el cerebro hace es procesar información. También asume que los organismos son trozos de materia organizados de una determinada manera y que la organización que muestran es resultado de procesos de evolución. Los organismos son máquinas que están diseñadas para reproducirse. Los genes que tenemos son aquellos que funcionaron bien  cuando construyeron los cuerpos y cerebros de nuestros ancestros, pero por ello la novedad puede ser un problema. La evolución es muy lenta y los cambios genéticos necesarios para construir las complejas partes de un organismo requieren mucho tiempo. Esto puede dar lugar a un desfase en el tiempo.

Un concepto de la Psicología evolucionista que ha dado lugar a mucho debate es el de los módulos, la idea de que la mente humana es modular. El autor que puso en circulación este concepto fue el filósofo Jerry Fodor en su libro de 1983 Modularity of Mind. Los psicólogos evolucionistas lo han modificado en algunos puntos, y uno de los autores que más defiende la visión de una mente modular es Robert Kurzban. En esta entrada voy a exponer los argumentos con los que él defiende su teoría de una mente modular, según los explica en su libro Why everyone (else) is a hypocrite. Evolution and the Modular Mind.

Empezaremos por la definición de módulo. Módulo es un mecanismo de procesamiento de información que está especializado en realizar una función. Kurzban no habla de estructura sino de función, un módulo es un mecanismo de computación que realiza un trabajo. Hay que evitar pensar en el módulo como algo localizado en un lugar del cerebro, es decir, un nódulo de células en una región del cerebro. Un módulo puede ser algo muy extendido por el cerebro, un circuito extenso que realice una función. Sería algo muy parecido a una subrutina en programación de ordenadores: un trozo de código que realiza una función, independiente relativamente de la que que realizan otras subrutinas. En todo este mundo de los ordenadores se ha visto que es útil romper tareas de programación en problemas más pequeños y definidos. Cuanto más asumes acerca de un problema que tienes que solucionar más fácil escribes el código que realice la función en cuestión. A fin de cuentas, la mente es un conjunto de software con programas y subrutinas. 

Otro campo donde vemos las ventajas de la especialización es la ingeniería. Una regla muy clara es que máquinas con funciones concretas o definidas son más eficientes en ejecutar sus tareas que máquinas con funciones más amplias. Tenemos diferentes tipos de vehículos, camiones, furgonetas de carga, coches familiares, deportivos, etc., especializados en un tipo de transporte. Podemos hacer una mudanza con un utilitario o ir a trabajar en un camión, pero nos resultaría más difícil. En el campo computacional, como acabamos de comentar, ocurre lo mismo. Un ordenador no tiene un solo programa para todo. Si queremos escribir utilizamos un procesador de textos y para manipular fotos un programa de tratamiento de imágenes. Kurzban utiliza el ejemplo de un tostadora que está diseñada para tostar pan y tiene una forma adaptada a esa función. Pero comenta una cosa muy interesante, que la tostadora “asume” muchos hechos acerca del problema que quiere solucionar: que el pan es de cierta forma y grosor, que un enchufe va a suministrar la energía necesaria, etc. Podemos tostar una tostada con un soplete, o una cocina de butano, pero el diseño de un soplete no lleva incorporadas esos supuestos que ya lleva incorporada una tostadora, y resulta, por lo tanto, más difícil. De la misma manera, la tostadora  no nos serviría para abrir latas o hacer café…Porque todo lo que está diseñado está diseñado para algo…parece una perogrullada pero eso quiere decir que no está diseñado para otras cosas, y desde luego que no está diseñado para todo. A fin de cuentas se trata de aprovechar el principio de la división del trabajo.

Tenemos otro área donde vemos claramente las ventajas de la especialización: nuestro propio cuerpo, la fisiología. Nuestro corazón es bastante malo filtrando sangre pero es bueno bombeándola. El hígado filtra bien la sangre, pero no la bombea. Las neuronas son buenas transmitiendo información pero no almacenando grasa. Las células adiposas justo lo contrario. No tenemos un único sensor para captar el mundo exterior, tenemos ojos para la  luz, oídos para los sonidos, nariz para los olores, etc. A nivel cerebral sabemos que hay neuronas que reconocen los bordes de los objetos exclusivamente, que determinadas áreas cerebrales reconocen el lenguaje, o las caras, o que el hipocampo es necesario para grabar recuerdos. No hay ninguna razón para que el cerebro tenga que ser una excepción a todos los procesos que estamos comentando. Hablemos del cerebro o de máquinas con funciones, en la medida en que hay un problema cuya solución tiene unas regularidades, una solución eficiente a ese problema incorporará esas regularidades, haciendo al mecanismo especializado para la tarea, y eficaz en resolverla. La psicología evolucionista asume que los humanos se han enfrentado a problemas que se han repetido en el tiempo una y otra vez y que tenemos mecanismos diseñados para esos problemas. No nos hemos enfrentado sólo a un problema general.

Por lo tanto, el punto que Kurzban nos quiere transmitir es que no hay ninguna razón para esperar que la especialización que se aplica a todo lo que el hombre ha descubierto o creado, no se aplique al cerebro diseñado para la conducta social. Según él, el cerebro albergará mecanismos especializados en escoger pareja, en vincular mutuamente el niño a la madre (el apego) en entender las intenciones y deseos de los demás (Teoría de la mente), condenar moralmente a los otros, etc. Otro problema es el de las relaciones entre estos módulos, que son variables. Hay módulos diseñados para compartir información, hay módulos más encapsulados que no están diseñados para compartir la información; hay módulos con acceso a la conciencia y módulos sin acceso a ella, etc. Nos damos cuenta de que esta visión tiene implicaciones a todos los niveles: el concepto del yo, el auto engaño (unos módulos pueden tener una información o intereses distintos a los de otro), el autocontrol, la conciencia, la hipocresía, etc. Y de todo eso es de lo que trata el libro de Kurzban.

Resumiendo, la mente sería como un iPhone, una herramienta para procesar información con muchas aplicaciones. Pero no hay que entender cada aplicación como algo localizado. Si yo hago un agujero en un punto del iPhone no me cargo, pongamos por caso, el Safari o el Angry Birds. Un módulo es un mecanismo de procesamiento de información que tiene una función, exactamente igual que las aplicaciones del iPhone.

@pitiklinov

Referencia




viernes, marzo 21, 2014

Acosadores: repensando la igualdad sexual

igualdad 
Cuando yo andaba en edad escolar y más tarde en el instituto ya había acosadores, se trataba de los gallitos de pelea que existen en todas las aulas y en todos los entornos educativos. La diferencia con los de hoy es que entonces no había chicas en clase y es por eso que los acosadores nos acosaban a los demás chicos, a la buena gente por así decir, a los que cumplíamos las reglas y no nos metíamos con nadie.
Y además en aquel entorno había una serie de reglas no escritas que se cumplían a rajatabla, cuando alguien maltrataba a otro niño habia siempre un fuerte protector que nos salvaba y que solia decir:
- ¿Por qué no te metes conmigo, valiente?
Dando a entender que el tamaño, la fuerza y la edad debían medirse siempre en igualdad de condiciones con alguien de similares fuerzas. Es así que se inhibía el natural impulso biológico de los chicos a abusar de los más pequeños, los más débiles o vulnerables, los diferentes, los gordos o simplemente de aquellos que despreciábamos la bronca.
Había otra regla no escrita que nunca vi ser violada: las chicas eran intocables. En aquel tiempo éramos así de discriminadores, no estaba bien visto abusar de las chicas.
Aunque chicos y chicas andábamos en distintas aulas, participábamos del mismo edificio y lugares de ocio fuera colegio o instituto, de modo que había espacios para encontrarse fuera y dentro del propio colegio, pero en mi vida de colegial o bachiller no vi nunca a ningún chico abusar de ninguna chica. Era simplemente impensable, algo de poca hombría como se decía entonces.
El panorama en la actualidad ha cambiado desde que hemos terminado con la "segregación" de chicos y chicas. Aquellos acosadores ahora espian a las chicas en el retrete, les dan balonazos, les bajan las bragas en el patio o en cualquier pasillo, les pegan, empujan o muerden por no hablar del acoso que sufren en Internet y que conocemos bien por la prensa. Dicho de otra manera: las tratan como iguales más débiles, es decir como a hombres. Hemos terminado con la discriminación.
Antes de seguir con mis argumentos me gustaría intercalar un axioma sobre la conducta masculina: "El abuso, la intimidación y la amenaza son parte del repertorio de tácticas empleadas en situaciones competitivas de los hombres". Dicho de otra manera el cerebro masculino está cableado para la rivalidad con otros machos, es decir para la rivalidad intrasexual.
Algo que podemos ver crudamente en las interacciones de los chicos en la escuela y luego más sutilmente en otras escalas como en el mundo del trabajo, del deporte o explicitamente en la guerra. La pregunta que viene a continuación es ésta: ¿por qué los hombres desvían hacia las mujeres esa hostilidad cableada para lograr un puesto en la jerarquía de los hombres? ¿Qué ha sucedido para que las rivalidades intrasexuales se proyecten en rivalidades extrasexuales y se conviertan en ese acoso detestable que algunos hombres llevan a cabo son sus parejas?.
Necesitaríamos ahora un pequeña lección de etología y  ver como se las arreglan otros animales para ahuyentar a sus competidores y conseguir reproducirse, es por eso que les recomiendo lean este post sobre "Violencia de género en el acuario".

Decía allí que:
El viejo mecanismo de transformación de la agresión intrasexual en agresión extrasexual parece haberse debilitado en nuestra especie, como casi todas las inhibiciones parecen haberse transformado en prescripciones sociales, si atendemos a los casi diarias noticias sobre agresiones en el hogar con resultado de muerte.
Una de las razones de este debilitamiento es que ya no existen depredadores  específicos de nuestra especie que puedan ritualizar la defensa común del territorio que es al parecer uno de los mecanismos que hacen de las parejas de pececillos de Lorenz una parejas fieles y eternos compañeros, la reorientación de la agresión (Tinbergen 1969) o su desplazamiento es uno de los rituales que amortiguan la agresión sexual.

Otra razón es que las mujeres han dejado de ser consideradas "intocables" y han pasado a verse como rivales intrasexuales en una especie de ceguera sexual  De hecho la mayor parte de agresiones de hombres hacia mujeres se realizan por hombres que ocupan un bajo lugar en la jerarquía social, los vencidos o perdedores en la competencia agonística con otros hombres son los adultos más peligrosos para las mujeres.

Tratan a las mujeres como si fueran hombres más débiles que ellos y ejercen con ellas la particular venganza de su derrota masculina.

Del mismo modo sucede en la escuela, los niños acosan a las niñas porque son mas debiles que ellos. No hace falta decir que la violencia siempre se ejerce de arriba abajo, del fuerte al débil, del grande al pequeño, del macho a la hembra, del igual al diferente.
Kingsley Browne es un profesor de leyes que además de eso incorpora ciertas intenciones de psicólogo evolucionista en sus trabajos y que ha escrito una serie de artículos y de libros esenciales para comprender el tema del acoso, sobre todo en el ambiente laboral del que es, por su profesión, experto.
He traducido (de mala manera y del inglés) estos párrafos del trabajo abajo citado para que el lector tenga noticia de las ideas del tal Browne:
Y que comienza con una declaración polémica y en cierto modo provocadora: "Los hombres acosan sexualmente a las mujeres, porque ya no son sexistas".

Una desafortunada consecuencia del número cada vez mayor de mujeres que se incorporan a la fuerza laboral y trabajando codo a codo con los hombres es el creciente número de casos de acoso sexual. ¿Por qué el acoso sexual es una consecuencia necesaria de la integración sexual de los lugares de trabajo?

Kingsley R. Browne identifica dos tipos de casos de acoso sexual: el quid pro quo ("Tienes que dormir conmigo si quieres mantener su trabajo o ser promovida") y el "ambiente hostil" (el lugar de trabajo se considera demasiado sexualizado para que los hombres se  sientan seguros y cómodos). Mientras que las feministas y los científicos sociales tienden a explicar el acoso sexual en términos de "patriarcado" y otras ideologías, Browne localiza la causa última de los dos tipos de acoso sexual en las diferencias de sexo en las estrategias de apareamiento.
Los estudios demuestran inequívocamente que los hombres están mucho más interesados ​​en el sexo ocasional a corto plazo que las mujeres. En un estudio ya clásico, el 75 por ciento de los hombres universitarios abordados por una atractiva mujer extraña acordaron tener relaciones sexuales con ella, algo que ninguna de las mujeres que fuera abordada por un extraño , hizo.
El quid pro quo (el pago en especies laborales) son manifestaciones de un mayor deseo de los hombres para el sexo ocasional a corto plazo y su disposición a utilizar todos los medios disponibles para lograr ese objetivo. Las feministas afirman con frecuencia que el acoso sexual  "no se trata de sexo, sino de poder," Browne sostiene que ambas cosas se dan a la vez: los hombres usan el poder para asegurarse el sexo y las mujeres usan el sexo para adquirir poder.  Pero decir que es sólo cuestión de poder no tiene más sentido que decir que la causa de un robo de un banco es a causa de las armas, no por el dinero.
Casos de acoso sexual de la variedad "entorno hostil" de las diferencias de sexo en lo que los hombres y las mujeres perciben como "demasiado sexual" u "hostil" de comportamiento. Muchas mujeres se quejan de que  han sido sometidas a malos tratos, intimidación y trato degradante por parte de sus compañeros masculinos. Browne señala que mucho antes de que las mujeres entraran en la fuerza laboral, los hombres se sometían unos a otros para ese trato abusivo, intimidatorio y degradante. No se trata pues de un fenómeno nuevo sino de una fusión entre dos programas atávicos el de la dominancia y el sexual.
Abuso, intimidación y la degradación son parte del repertorio de tácticas empleadas en situaciones competitivas de los hombres. En otras palabras, los hombres no están tratando a las mujeres de manera diferente a como tratan a otros hombres  pero legalmente sucede lo contrario: los hombres acosan a las mujeres precisamente porque no hay discriminación entre hombres y mujeres.

Bibliografía.-

jueves, marzo 20, 2014

¿Por qué atraen a las chicas los malotes (incluso los asesinos)


Hegoak ebaki banizkio
nerea izango zen
ez zuen aldegingo.
Baina, honela 
ez zen gehiago 
txoria izango
eta nik…
txoria nuen maite

Si le cortara las alas
sería mío
no se escaparía
pero entonces no sería un pájaro
y yo…
yo lo que amaba era un pájaro
-Mikel Laboa, Txoria txori


Advierto desde un principio que no quiero sentar cátedra con esta entrada sino solo reflexionar o compartir una pregunta que me parece interesante. El tema es muy discutible y el conato de respuesta que yo voy a proponer también lo es, por supuesto. Tengo que confesar que me chocó mucho cuando me enteré de que asesinos como Miguel Carcaño, o Charles Manson, recibían  a diario cartas de admiradoras con propuestas de encuentros sexuales, matrimonio, regalos y dinero. Nos encontramos con un fenómeno difícil de explicar a simple vista. La lógica dice que las mujeres deberían evitar a los asesinos de mujeres, pero la realidad nos dice que algunas mujeres (evidentemente no todas), se sienten atraídas por ellos. Creo que hay una pregunta aquí.

Una forma de contestarla es decir que estas mujeres son una excepción, un caso patológico y no son representativas del resto de mujeres. No lo creo. Sin llegar a estos casos extremos, es un hecho conocido por la “psicología popular” que las mujeres se sienten atraídas por los chicos malos. También podemos decir que esto es un mito, pero si miras en Google o preguntas a tus amigas verás que muchas de ellas sí refieren sentir atracción por los chicos “peligrosos”. Así que no creo que podamos responder la pregunta que hemos planteado afirmando que algunas mujeres con problemas tienen una tecla psicológica que el resto de las mujeres no tienen. Mi impresión es que esta tecla de la atracción por los malotes la tienen todas las mujeres, aunque lógicamente se trata de una dimensión y unas están más en un extremo de la línea que otras.

También nos podemos preguntar si a los hombres les ocurre lo mismo, si los hombres se sienten atraídos por las mujeres de conducta peligrosa. Creo que no. Evidentemente hay hombres que se sienten atraídos por mujeres “difíciles” o “peligrosas” también, pero opino (es una opinión y como tal hay que tomarla) que la atracción que sienten por ellas es principalmente física, y que toleran sus conductas desviadas por la atracción sexual que sienten por ellas. Lo interesante del fenómeno que estamos tratando es que -aunque existe una atracción física de las mujeres por los malotes-, existe también una atracción puramente comportamental, es decir, por rasgos de conducta y de carácter (insisto en que estoy dando mi punto de vista, y algunos podéis argumentar que la atracción de los hombres por las mujeres peligrosas también es por rasgos de personalidad y no puramente físicos).

Concedido que existe el fenómeno, vamos a ver las explicaciones que se han propuesto. Mirando por algunos foros he encontrado cosas como estas:
- que las chicas les quieren cambiar y convertir en chicos buenos
- que se les ve muy seguros de sí mismos y dan la sensación de que pueden proteger a la mujer de un peligro. Transmiten seguridad, rebeldía y misterio. Dan impresión de competencia.
- que tienen un halo de inaccesibilidad y eso hace que su conquista suponga un reto
- que la atracción por los malotes es cosa de quinceañeras y adolescentes y a las mujeres más maduras se les cura.
- que esto sólo le ocurre a chicas inseguras y con poca autoestima
- que son almas libres, sin miedo y eso augura que puede llevarles lejos, a la meta de conseguir estatus, recursos.

Creo que la Psicología Evolucionista nos puede ayudar a enmarcar algunas de estas intuiciones de la psicología popular y a entender, por lo menos parcialmente, lo que está ocurriendo en la mente de estas mujeres. La explicación que voy a proponer coincide con algunas de las cosas que se comentan en los foros. La Psicología Evolucionista ha estudiado bastante el tema de las estrategias y preferencias sexuales de hombres y mujeres a partir de teorías como la de la Inversión Parental de Trivers. En estos estudios aparece una constante, una idea que se repite en muchos autores, y es que las mujeres necesitan dos cosas de los hombres: los mejores genes posibles, y que ayuden en la crianza de los hijos. Estas dos cosas son incompatibles hasta cierto punto y sólo confluyen en el príncipe azul, algo muy difícil de encontrar. Si la mujer escoge un hombre muy testosterónico y atractivo físicamente este hombre probablemente no se va a quedar en casa a colaborar, entre otras cosas porque las mujeres se lo van a rifar y va a tenerlo muy fácil irse con otras. Hay muchos estudios en esta línea,  como los que encuentran una atracción por hombres más masculinos en periodos fértiles del ciclo menstrual y por hombres más “femeninos” en períodos no fértiles. En inglés llaman “dads” y “cads”  a estos dos tipos de hombres. Los cads serían los que nosotros estamos llamando malotes. 

Es decir, la atracción por los malotes es la atracción por los buenos genes. ¿Buenos genes asesinos como los citados? Lo que estoy planteando es que la mujer está respondiendo a unas claves que ancestralmente indicaban buenos genes, aunque ahora indiquen que te vas a ir a la cárcel. Las claves a las que la mujer está respondiendo serían claves de dominancia. Me explico. Hay muchos estudios donde se ha encontrado que los buenos cazadores y los buenos guerreros tienen más éxito reproductivo que los que no lo son tanto. Estos guerreros y cazadores tienen que correr más que sus presas o víctimas, tienen que saber encontrarlas, enfrentarse a ellas y darles muerte. Tener un hombre de estos como pareja puede significar que tu prole va a tener recursos y más probabilidades de supervivencia. El individuo que es capaz de hacer su voluntad, de imponerse a los demás (incluso matando) indica que es un hombre superior que probablemente va a subir en el escalafón, va a ser un líder o jefe, y por lo tanto un buen partido. Los individuos que he mencionado al principio (Carcaño y Manson) eran jefecillos de un grupete (el primero) o líderes de un grupo más amplio (el segundo). Ahora acaban en la cárcel, pero tenemos un sistema legal decente (concededme que tenemos un sistema legal decente a los efectos de mi argumentación :)), desde hace cuatro días, hablando en tiempo evolucionista. Lo que estoy planteando es que lo mismo que respondemos a las grasas y el azúcar con un gran apetito por ellas porque en tiempos ancestrales indicaban calorías y algo deseable, las mujeres pueden estar respondiendo erróneamente a unas claves que en tiempos ancestrales sí podían indicar buenos genes. 

Resumiendo, la atracción por hombres peligrosos incluso en casos extremos se explicaría por la tecla que tienen las mujeres de buscar buenos genes en su pareja. Las claves para detectar esos buenos genes son dobles: el aspecto físico y la conducta de esa posible pareja. Una conducta agresiva y dominante, puede haber indicado buenos genes en tiempos remotos. Sin embargo, no hay mucha literatura que haya tratado este tema directamente. Los únicos estudios que he encontrado al respecto son los que hablan de que las mujeres encuentran atractivos a los hombres que puntúan alto en la llamada Triada Oscura (psicopatía, narcisismo y maquiavelismo). También hay estudios que encuentran que las mujeres se ven atraídas por rasgos de orgullo, seguridad y poder. Pero , en conjunto, la visión evolucionista nos pone en camino de entender esa zona oscura de la psicología femenina muy difícil de entender de otra manera. 


@pitiklinov

Gracias a Xavi Alonso por sus comentarios sobre este tema

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martes, marzo 18, 2014

Enfoque evolucionista del Ostracismo (el rechazo o exclusión social)

El ostracismo, el que una persona sea ignorada, excluida o rechazada socialmente es un fenómeno que ocurre en muchos contextos y culturas a lo largo del mundo. Este rechazo frustra cuatro necesidades humanas básicas (la necesidad de pertenencia, la autoestima, el control y la necesidad de una existencia con sentido) y aumenta los sentimientos de dolor psicológico y un afecto negativo. Los individuos que sufren este aislamiento social experimentan graves consecuencias negativas: depresión, problemas físicos de salud, y mayor mortalidad. 

Diversos autores han planteado que la detección del ostracismo tiene ventajas adaptativas desde el punto de vista evolucionista, es decir, que tendríamos adaptaciones, mecanismos psicológicos adaptativos, para detectar el más mínimo signo de rechazo o exclusión. Existe evidencia en estudios transculturales, de cazadores recolectores y filogenéticos que apoyan este punto de vista, pero no hay evidencia experimental que demuestre que tal adaptación para detectar la exclusión aumente el éxito reproductivo.

Lo que es evidente es que el ostracismo amenaza la supervivencia del individuo que lo sufre. La exclusión social se ha utilizado desde tiempo inmemorial (tanto por humanos como por animales sociales no humanos) para una función muy útil: controlar socialmente a los miembros problemáticos del grupo. El ostracismo puede  fortalecer al grupo al motivar a los individuos problemáticos a obedecer las normas sociales y contribuir al bienestar del grupo y , en última instancia, serviría para eliminar a los que no se sometan a la voluntad del grupo. El ostracismo o exclusión por tiempo indefinido se ha descrito como “muerte social”, en sociedades tribales y ancestrales, ya que elimina todas las conexiones necesarias para la supervivencia en culturas de cazadores recolectores. La exclusión social, significaba literalmente la muerte, porque en aquellas sociedades no se podía sobrevivir a la exclusión social.

Dado que el ostracismo podía conducir a la muerte, el enfoque evolucionista del mismo plantea que las presiones selectivas habrían favorecido a los organismos que pudieran detectar (y responder apropiadamente) a indicios o pistas de rechazo. Estos organismos sobrevivirían y serían capaces de reproducirse y pasar su material genético a las siguientes generaciones. Hay investigación en tres áreas de la psicología social que apoyan este punto de vista de que el ostracismo puede influir en el éxito reproductivo: la investigación que compara el dolor físico y social, la investigación centrada en detectar el ostracismo, y la investigación que examina la respuesta de los individuos rechazados, centrada en la reinclusión social.

Hoy en día sabemos que existe un solapamiento en los sistemas fisiológicos y neurológicos que detectan el dolor físico y el social. Según los investigadores en este campo, la función principal de los sensores de dolor físico en el cerebro es detectar heridas o amenazas físicas a la supervivencia del organismo y , dado que tanto el ostracismo como las amenazas físicas pueden afectar a la supervivencia, es lógico esperar que se detecte tanto el dolor físico como el social. El dolor social es un estado emocional negativo evocado por experiencias de exclusión y devaluación en las relaciones interpersonales y probablemente evolucionó para alertar a los individuos de que su estado de inclusión social, de aceptación dentro del grupo, se encontraba en peligro. Estudios con RMN funcional han demostrado que individuos que sufren ostracismo muestran activación en la corteza cingulada dorsal anterior y en la corteza prefrontal ventral derecha. Estas regiones se asocian también con el procesamiento del dolor físico por lo que los investigadores han concluido que los humanos experimentan el ostracismo como dolor a nivel neurológico. Individuos que toman paracetamol sienten menos malestar cuando son rechazados socialmente que los que toman placebo, lo que sugiere que disminuir el dolor físico disminuye también el dolor social (y viceversa, probablemente). En este sentido es interesante que en la práctica clínica sabemos que los antidepresivos tienen un efecto analgésico, y es relativamente frecuente que algunos pacientes depresivos y ansiosos comentan que utilizan aspirina o paracetamol cuando se encuentran mal psíquicamente, y que les funciona (y también relacionado con este tema dolor físico/mental se encuentra el nebuloso campo de las fibromialgias).

Estos estudios comentados demuestran un solapamiento entre dolor físico y mental, pero también que algunos matices son exclusivos del dolor social. La diferencia fundamental es que el dolor social puede ser reexperimentado y el físico no. En estudios se ha pedido a los sujetos que recuerden una experiencia autobiográfica de dolor físico  o de dolor social (una traición por personas cercanas , por ejemplo) que hubiera ocurrido en los últimos cinco años. Se les pedía que valoraran el dolor que sintieron entonces e, inmediatamente, el dolor que sentían justo ahora, en ese momento. Los que recordaban un dolor físico no sentían dolor físico en el momento de recordar el suceso doloroso. Los sujetos que recordaron un dolor social sí decían sentirse mal en ese momento, por haberlo recordado. En conjunto, estas investigaciones sí apoyan el argumento de que las oportunidades de supervivencia y reproducción serán mayores en los que detecten la exclusión social, igual que ocurre con el dolor físico.

Otra línea de investigación se refiere a la  capacidad de los humanos para detectar el ostracismo/exclusión y se ha observado que el ostracismo duele ocurra cara a cara, en chats, en juegos on-line, o en entornos virtuales. El ostracismo duele incluso cuando se dice al sujeto que fue no intencionado y producido por un ordenador, cuando la inclusión cuesta dinero, y aunque los que te excluyen sean un grupo despreciado, como podría ser el Ku Klux Klan. Una clave no verbal, la falta de contacto visual, induce sentimientos de exclusión social fácilmente. Que no te miren es una de las claves que más hace sentir que uno está siendo rechazado por los demás. Toda esta investigación sugiere que los humanos son sensibles incluso a señales muy ligeras de ostracismo. Todo ello apoya la existencia de un Sistema de Detección de Ostracismo.

La tercera línea de investigación viene de estudiar las respuestas a la exclusión, y la más habitual es buscar la reinclusión en el grupo social. Los individuos excluidos analizan más las razones o las explicaciones de su experiencia y se centran en estrategias de reinclusión. Se someten a tácticas de influencia social, muestran interés en nuevos grupos, es más probable que imiten no conscientemente los movimientos, la mímica de los demás, y están más atentos a la información social y la recuerdan mejor. 

Como hemos visto más arriba de pasada, existe una correlación entre aislamiento social y mala salud y mortalidad, tanto en humanos como en animales sociales no humanos, lo que apoya la idea de que el ostracismo es la muerte social. En humanos no hay investigación directa pero en estudios con perros de la praderas (prairie vole) a los que se ha sometido a aislamiento social prolongado se ha observado aumento de la agresión, problemas cardiacos, elevación de las hormonas del estrés, anhedonia e indefensión aprendida. 

Otro punto que habría que demostrar para considerar una adaptación al sistema de detección del ostracismo es la heredabilidad del mismo. Recoger datos de este tipo es siempre muy difícil en las adaptaciones psicológicas. En este momento no hay evidencia directa que sugiera que la sensibilidad al ostracismo es heredable. Sin embargo, la investigación sobre la soledad (Cacioppo) sugiere que la sensibilidad a las claves de conexión social tiene una base genética y que hay diferencias individuales. Cacioppo propone que el estado psicológico (negativo) de la soledad es una señal de alarma que indica que las necesidades del individuo de estar conectado socialmente no están satisfechas. Algunos datos sugieren que los individuos solitarios son hipersensibles a la información social y a los signos de exclusión. Si tomamos la investigación en el campo de la soledad como representativa de la sensibilidad al ostracismo sí tenemos algunas pistas que indican que la heredabilidad de esta sensibilidad es probable.
Kipling Williams

Lo que no existen son estudios sobre la influencia del ostracismo en el deseo de mantener relaciones románticas. El ostracismo aumenta el interés por las relaciones sociales en general pero no sabemos el efecto que tiene sobre el interés por el sexo y las relaciones de pareja a corto o largo plazo. Lo que sí hay es algunas investigaciones sobre la existencia del ostracismo dentro de las relaciones románticas ya existentes. Lo que se suele llamar como el “tratamiento de silencio”, es decir, el ponerse de morros, no hablar e ignorar a la pareja, es muy frecuente en las relaciones personales íntimas. En un estudio de 2000 norteamericanos el 67% reconocían utilizar esta estrategia y el 75% decían sufrirla. Es una táctica de manipulación y de castigo dentro de la pareja cuyo objetivo es que termine una conducta que no es deseada. Tampoco se ha estudiado mucho la sensibilidad al ostracismo en función del tipo de apego del individuo. Hay algún trabajo donde se ha visto que los individuos con un apego inseguro responden peor a las amenazas a la relación que los que tienen un apego seguro, pero es un área no suficientemente estudiada.

Un aspecto muy interesante es el de las reacciones paradójicas ante el ostracismo. Como he comentado, lo natural es que una persona excluída busque la reinclusión en el grupo, pero algunos individuos muestran justo lo contrario: una conducta antisocial. No hay un consenso en la literatura del ostracismo sobre el origen de esta paradoja. Williams y Wesselman dicen que un individuo excluído debe buscar la reinclusión pero que debería responder de forma antisocial si percibe que la reinclusión es muy poco probable, tal vez para forzar la situación (total, de perdidos al río…). Tal vez en algún caso el individuo exluído podría imponerse pero lo más probable es que acabe encarcelado o muerto. 

Una vez comentados estos aspectos del ostracismo tendríamos que plantearnos cómo se puede tratar o ayudar a las personas excluídas socialmente. La investigación sobre el ostracismo es bastante consistente en mostrar que un ostracismo crónico conduce a depresión, indefensión aprendida, sentimientos de desvalorización y problemas de salud física. Tras una primera fase de lucha por salir de la situación, si la exclusión es prolongada los individuos caen en un estado de resignación y aceptación. En perros de las praderas se ha visto que la oxitocina reduce los efectos del aislamiento social, y también hemos comentado el efecto del paracetamol. El problema es si se debería o no tratar farmacológicamente el ostracismo porque, si es una adaptación, la visión evolucionista nos orientaría a que no deberíamos hacerlo. El mejor acercamiento al problema sería promover todas las estrategias de enfrentamiento que puedan llevar a la reinclusión antes de que el sujeto llegue a la fase de resignación. Relaciones incluso con una sola persona se ha visto que son eficaces. También se puede fomentar en personas religiosas el vínculo con la comunidad de creyentes. Otra posibilidad es utilizar redes sociales o virtuales, y en general realizar actividades recreativas, aficiones y demás. Sólo si este enfoque fallara se podría pensar en las intervenciones farmacológicas como las del paracetamol o la oxitocina.

@pitiklinov

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jueves, marzo 13, 2014

Harry Harlow y la naturaleza del amor

En esta entrada voy a comentar la evolución de las ideas de Harry Harlow sobre el apego, el amor materno-filial y el amor en general. Todos conocemos la primera parte de su trabajo, sus famosos experimentos con madres sustitutas de monos rhesus de los años 50 del siglo pasado, pero es menos conocida la continuación de esos experimentos, una segunda parte que es tanto o más interesante que la primera. No voy a entrar en el aspecto ético de estos estudios, asunto que ha sido ampliamente debatido. Evidentemente, hoy en día que se está extinguiendo la investigación con primates y monos, no serían posibles, pero hay que contemplar los experimentos en su contexto histórico. Y el contexto histórico es que en aquella época los expertos en educación decían que había que darle al niño el menor afecto posible para no debilitarlo y “echarlo a perder”. La consigna en hospitales y orfanatos era no tocar a los niños. Todo un presidente de la Asociación Americana de Psicología había dicho que “cuando te sientas tentada a dar cariño a tu hijo, recuerda que el amor materno es un instrumento peligroso”. Si tenemos en cuenta que a principios del siglo pasado los médicos operaban a los niños pequeños sin anestesia porque creían que los niños eran incapaces de sentir dolor, pues nos hacemos una idea del nivel de sensibilidad que se podía mostrar hacia los animales si se trataba así a los niños. En algún blog que he estado leyendo se comenta que son una atrocidad y que sólo demostraron algo obvio. Estoy de acuerdo en que son de una crueldad que sobrecoge, pero los resultados de los experimentos no fueron nada obvios para la ciencia de la época. Ninguna de las dos escuelas dominantes en aquellos años (el psicoanálisis y el conductismo) predecía esos resultados, y supusieron un cambio de paradigma, como suele decirse ahora. Los resultados de la segunda parte de su carrera siguen sin ser obvios (han sido mayormente ignorados) incluso hoy en día.

Como decía, para la mayoría de psicoanalistas y psicólogos de la época los niños aprendían a amar a su madre asociándola con la satisfacción de las necesidades biológicas, especialmente el hambre y la sed. En 1951, la OMS, en realidad el psicoanalista británico John Bowlby encargado de la tarea, publica el informe Maternal Care and Mental Health, proponiendo la nueva visión de que el vínculo del niño con la madre tenía componentes instintivos y enfatizando la importancia de otros aspectos, como el contacto,  y no sólo de la comida. Esta postura era un consenso entre otros psicólogos infantiles como David Levy, René Spitz y Margarethe Ribble, y consistía básicamente en que había mucho más en la relación madre-hijo que leche. La pregunta entonces era: ¿tienen una necesidad innata de amor materno los niños, o aprenden a amar a sus madres porque les proveen de comida? Dado que éticamente no se podía estudiar esto en humanos, Harlow pensó en los monos rhesus como un sujeto ideal para examinar los orígenes de nuestra capacidad de amar.

Para comparar la importancia relativa del alimento frente al contacto-confort, Harlow diseñó unos “muñecos” que hacían el papel de madre, uno era de alambre y tenía un biberón para suministrar comida, y el otro estaba forrado con una especie de trapo o paño. En la referencia que estoy manejando y que tenéis más abajo dice que la madre de tela tenía una lámpara detrás que daba calor, pero no dice que la madre de alambre tuviera la misma lámpara. Supongo que es una omisión porque siempre se ha dicho que eran exactamente iguales en todo lo demás. El caso es que el monito pasaba la mayor parte del tiempo con la madre de trapo, y es con la que corría a refugiarse cuando le asustaban (tenéis vídeos en Youtube de esta primera parte de los experimentos, no así de la segunda). En uno de los tests, el llamado de campo abierto, se ponía al monito en una habitación con objetos que normalmente despertarían su curiosidad para ver su reacción. Los monos criados con madres de trapo la usaban como base de operaciones, o fuente de seguridad, para explorar el entorno regresando de vez en cuando a la madre. Los monitos criados con madres de alambre se quedaban aterrorizados, encogidos, sin explorar.

Para Harlow, estos experimentos probaban que las madres eran fisiológicamente equivalentes pero no psicológicamente equivalentes, y el monito prefería estar con la madre que proveía confort y sensación de seguridad. Estos resultados iban en contra de la idea de que el afecto es una respuesta aprendida asociada con la comida. El contacto corporal proveía el confort que unía al niño a la madre. Pero, en contra de como se interpreta actualmente, Harlow no dedujo de los resultados que los monos rhesus necesitaban a sus madres. Para él, lo que necesitaban era confort y él había demostrado que incluso una máquina inanimada podía proveerlo. Cuando Harlow tradujo estos resultados al campo humano, su argumento era que podía haber sustitutos para la madre, incluyendo el padre.

El trabajo de Harlow coincidió con una época en la que había mucho interés en las implicaciones de la investigación con animales para entender las bases biológicas de la conducta humana. Konrad Lorenz había mostrado al gran público, de forma espectacular el fenómeno del “imprinting” y John Bowlby usó esos estudios y los suyos en orfanatos para plantear que el cuidado y amor materno eran esenciales para el desarrollo psicológico del niño. Según Bowlby la díada madre-hijo  tiene una base biológica, el niño se une por una necesidad instintiva a la madre, y separar a los niños de las madres y privarlos del amor materno tendría graves consecuencias emocionales. Harlow fue invitado a hablar en congresos de psiquiatría y psicología y se hizo muy famoso, de ahí probablemente que realizara los vídeos disponibles en Youtube. Sin embargo, Harlow no creía en el imprinting, pensaba que no existía en primates, pero en general, en aquella época sí pensaba que sus trabajos confirmaban las ideas psicoanalíticas, y las de los etólogos, sobre la existencia de períodos críticos en el desarrollo. Pero en esta fase de su trabajo Harlow no pensaba que los monos necesitaran una madre de carne y hueso para su desarrollo emocional. Veía a la madre de trapo como una “madre eminentemente satisfactoria” . Pero los monos crecieron, y las ideas de Harlow evolucionaron.

Cuando los monos crecieron , se convirtieron en unos adolescentes extraños. No mostraban interés en el sexo opuesto. Cuando se les  colocaba en una habitación con otros monos se sentaban solos, mirando al espacio y no interactuaban con los demás. No tenían pensamientos ni actividades de tipo recreacional ni procreativas. Incluso, cuando se les emparejaba con  monos normales sexualmente experimentados eran incapaces de adoptar las posturas de copulación adecuadas. Cuando a las hembras se las impregnaba artificialmente se convertían en unas madres punitivas, rechazaban, abusaban y mataban a las crías. Las madres sustitutas no les habían convertido en individuos sociales. Quizás las madres reales sí eran indispensables, después de todo. En este punto, los resultados de Harlow parecían confirmar las ideas de Bowlby, Rene Spitz y Mary Ainsworth de que el amor materno era esencial para el desarrollo emocional del niño (dicho sea de paso, estos autores que acabo de mencionar, y que trabajaban con deprivación maternal, estaban en contra de que las mujeres trabajaran fuera de casa). Esto encajaba muy bien con la hipótesis de Bowlby de que la madre era el “organizador psíquico”. Y encajaba también con el imprinting de Lorenz, porque un pájaro que no hacía el imprinting era incapaz de desarrollar los instintos específicos de la especie, incluyendo la atracción y la capacidad de copular con miembros de su propia especie. Como su trabajo anterior, estos resultados también se discutieron en conferencias y congresos.

Pero Harlow insistía en que el imprinting no era un mecanismo adecuado para explicar el desarrollo emocional en primates. Según él el imprinting no era lo que operaba en los patrones de separación madre-hijo, ni en el niño ni en el pájaro. El imprinting no era suficiente para explicar la habilidad del niño de formar relaciones con otros. Si un niño permanecía vinculado a su madre sería incapaz de entablar relaciones sociales con otros niños y luego con adultos. También era necesario explicar cómo se separa el niño de la madre. Para formar patrones de relación normales con otros niños tiene que romper el vínculo establecido con la madre. Para Harlow, las hipótesis de Bowlby y Lorenz no podían explicar cómo el amor por la madre conducía en su momento al amor por otros individuos. Un niño se apega a la madre, bien, ¿pero como hace el amor a la madre que sea posible el amor a los demás? ¿cómo generaliza, transforma o desvía un niño su amor por la madre hacia otros miembros de la especie?

Patrón choo-choo
Esto llevó a Harlow a hipotetizar  la existencia de otros sistemas afectivos que no eran simplemente una extensión de amor del niño por su madre. Presentó un conjunto de sistemas afectivos que se proponía investigar de ahí en adelante, con otros colaboradores:
1- El patrón afectivo del niño por la madre
2- El patrón afectivo del niño por otro niño( igual a igual)
3- El patrón afectivo heterosexual
4- El patrón afectivo materno ( madre a hijo)
5- El patrón afectivo paterno ( padre a hijo)

Harlow mantenía que  había varios sistemas afectivos en primates con estadios de desarrollo determinados por diferentes variables. Desde el principio, se había dado cuenta de que a los monos criados en aislamiento se les había privado de mucho más que las madres: de padres, hermanos, amigos y demás miembros de la familia y del grupo social. Así que el laboratorio de Harlow inició unos estudios para valorar el papel relativo de madres e iguales (peers) en la socialización de los monos. Crearon por ejemplo una situación en la que un monito era criado con una madre sustituta pero podía cruzar a otro espacio donde podía interactuar con otro mono que se encontraba en la misma situación que él. Los datos de esta situación apoyaban que los monos que hacían una fijación muy prolongada con la madre sustituta no formaban buenos vínculos “niño-niño”. Harlow propuso que la madre rhesus guiaba a sus hijos por dos estadios. En el primero le daba confort y seguridad pero en el segundo empujaba, literalmente, a la cría para que actuara con otros monos. En este segundo estadio el juego con los iguales era un ingrediente esencial de la socialización del niño. Progresivamente, los patrones de juego eran sustituidos por patrones agresivos y sexuales. Harlow concluía: “aunque el amor puede ser suficiente, solo el amor de la madre no lo es”.

Pero aún así, la importancia relativa de el papel de la madre y el de los iguales no estaba clara. Entonces Harlow crió a monos sin madre pero los crió con otros monos en sus mismas circunstancias. Los monitos se agarraban entre ellos en un patrón que llamó patrón “choo-choo”. Aunque los monos mostraban conductas extrañas, la presencia de los otros monos hacía que al final desarrollaran respuestas sociales estándar. Después de comparar monos con madres reales o sustitutas y monos criados con iguales, Harlow concluyó que las madres no eran necesarias para la socialización, sino que meramente facilitaban la interacción de las crías con otros monos. Por lo menos en los monos, en condiciones favorables, se podía prescindir de las madres reales pero no se podía prescindir de las experiencias con compañeros.

Y aquí los experimentos de Harlow ya no están de acuerdo con las teorías de Bowlby de que la madre es el organizador psíquico necesario y suficiente. “Este hallazgo contrasta con las teorías psicoanalíticas y psiquiátricas actuales que enfatizan la importancia del papel de la madre y minimizan la parte que juegan las interacciones con los iguales en el desarrollo normal de la personalidad del adulto”, escribió. La falta de la madre podía ser suplida si el monito podía interactuar con compañeros. Concluía que el foco exclusivo de psiquiatras y psicólogos en el apego a la madre era inadecuado. Había que revisar todo lo que se había escrito sobre las supuestas consecuencias patológicas de la ausencia de la madre. Según Harlow, las disfunciones de personalidad que se habían atribuido a una madre inadecuada (marasmo, hospitalismo, depresión analítica, autismo infantil, debilidad mental y desviaciones sexuales) , no eran atribuíbles exclusivamente a la falta de la madre. Criticaba el trabajo de Freud y su hija Anna Freud por sobrevalorar la relación madre-hijo (padres-hijo), y no tener en cuenta el poder rehabilitador de las relaciones niño-niño, después de una desafortunada relación madre-niño. 

La amistad es muy poderosa. Harlow lo demostró en monos. A lo largo de los años, Harlow aportó pruebas del poder curativo de las relaciones con otros. Una prueba eran los monos “choo-choo” que llegaban a ser competentes socialmente. Una segunda evidencia fueron unos resultados inesperados con las madres punitivas donde para sorpresa de los investigadores se vio que estas madres incompetentes se convirtieron en buenas madres con el segundo hijo sin que la explicación estuviera muy clara. Harlow pensaba que la interacción con el primer bebé podía haber tenido algún efecto. Otra prueba era que si monos trastornados por la deprivación se ponían en contacto con monos normales más jóvenes que ellos, estos monos se les acercaban, interactuaban con ellos, y esto tenía un efecto terapéutico y los monos incompetentes mejoraban, por lo menos parcialmente.

Harlow pensaba que esto era aplicable a humanos , que la interacción con iguales era esencial para del desarrollo normal y que la deprivación de iguales conduciría a patología. Harlow pensaba que la existencia de sistemas afectivos que se compensaban unos a otros tenía mucho sentido desde el punto de vista evolucionista porque estas compensaciones recíprocas permitían unas mayores posibilidades de supervivencia. Bien las madres, o bien los iguales, podían fallar en determinadas etapas del desarrollo y esa diversidad de sistema afectivos era más segura para evitar patología. Esta postura de Harlow rompía totalmente con la ideología de la época, e incluso con la ideología actual, y es algo que no es apreciado sino ignorado por la literatura de nuestros días. El mismo Bowlby nunca citó los trabajos de la segunda época de Harlow (no le venían bien) y tan tarde como 1980 seguí mencionando solo los primeros. Para Harlow no había un origen único del amor sino 5 sistemas afectivos. Esto chocaba con la posición psicoanalítica y con los teóricos del apego, para los que la madre es la fuente original de nuestra capacidad de amar. Harlow hizo seguimientos durante años de estos monos y demostró que la interacción social con iguales podía compensar y curar los efectos negativos de la deprivación de la madre. 

La evolución ha diseñado a los monos rhesus, y según Harlow también a los humanos, de manera que pueden sobrevivir con diferentes amores (la vida es demasiado valiosa para apostarlo todo a un solo tipo de amor). Creo que una cosa clara que sí demuestran estos experimentos es que los primates somos seres sociales y que no podemos vivir aislados. Intentarlo es violar nuestra más profunda naturaleza.

@pitiklinov

Referencias