domingo, febrero 21, 2016

La cultura cambia los genes

Peter Frost y Henry Harpending publicaron el año pasado un artículo donde tratan un fenómeno que bien puede ser un ejemplo del llamado efecto Baldwin. Lo que estos autores plantean es que la tasa de homicidios en Europa ha ido cayendo desde el siglo XIV hasta el siglo XX. A la vez, demuestran que a partir del siglo XI se empezó a implantar la pena de muerte de forma generalizada en los estados europeos y que para finales de la Edad Media se estaba condenando a muerte al 0,5-1% de los hombres de cada generación. La sugerencia de Frost y Harpending es que, además de por razones culturales, esta disminución de la tasa de homicidios se debe a un efecto genético, es decir, la aplicación de la pena de muerte durante unos siglos dio lugar a un cambio en la frecuencia de genes en la población barriendo los genes que predisponen a la agresividad y la violencia. Veamos sus argumentos. Frost y Harpending dividen la historia de Europa en tres etapas:

Primera fase: La edad de la violencia personal (siglos V- XI)

Tras la caída del Imperio Romano y la llegada de los barbaros no hay una entidad que monopolice la violencia (según la definición de Max Weber de estado). Además se consideraba que arreglar las disputas era un asunto - y un derecho- personal. La pena de muerte sólo se aplicaba para delitos como la traición, la deserción o la cobardía en combate, pero no en asuntos privados. El otro centro de autoridad, la Iglesia, también estaba en contra de la pena de muerte. Como mucho, lo que se intentó es que no degeneraran los arreglos de cuentas en vendettas, por lo que la ley Sálica planteaba una indemnización o compensación por matar a alguien. Así que el castigo era monetario. Matar a un niño menor de 10 años implicaba un pago de 24.000 denarios y matar una mujer libre joven embarazada un poco más, 28.000 denarios.

Segunda Fase: La guerra contra los asesinatos (siglos XI-XVIII)

En esta época el fortalecimiento de los reinos occidentales europeos llevó a los juristas a pensar que el rey debía castigar a los malvados para asegurar así que la los buenos pudieran vivir en paz. La Iglesia también cambió y consideró que matar a un hombre era una ofensa al orden de la creación y teólogos como Santo Tomás justificaron la pena de muerte. Este cambio de tendencia tuvo su punto álgido en el siglo XVI cuando los tribunales condenaban a muerte a 1 de cada 10.000 personas. A lo largo de la vida uno o dos de cada 200 hombres eran ejecutados (otros morían en prisión esperando juicio). 

En paralelo con el aumento en la tasa de ejecuciones se va produciendo una disminución en la tasa de homicidios que parece que empieza en el siglo XIV. Al final de la Edad Media se calcula una tasa de homicidios de 20-40 por 100.000 y en el siglo XX  es de 0,5-1 por 100.000. 

Tercera Fase: Declive de la guerra contra los asesinatos (siglos XVIII-XX)

A mediados del siglo XVIII la tasa de ejecuciones cae. Por un lado porque se cometen menos delitos, pero por otro porque tanto los jueces como el público en general empieza a mostrar un rechazo a la pena de muerte, así como a otros actos violentos, como peleas de gallos, maltrato a animales, etc. La realidad es que cada vez se cuelga a menos gente por sus crímenes y, de hecho, a partir del siglo XVIII la pena de muerte empieza a ir desapareciendo de la legislación de varios países (desaparece de los dominios de los Habsburgo en 1787, por ejemplo).

Causas

Hasta aquí los hechos, pero ¿cuáles son las posibles causas? Norbert Elias habla de un condicionamiento cultural y de que la nueva estructura social da lugar a un cambio en la estructura de personalidad. Manuel Eisner habla de que se debe a un mayor control tanto externo (por el estado) como interno (nuevos rasgos de personalidad). Esta hipótesis tiene el problema de que parece que en el siglo XX en las sociedades europeas estos controles tanto internos como externos se han relajado (a los chicos malos se les alaba en el cine, han desaparecido las penas de muerte…) pero esto no ha llevado a un rebrote de la violencia. Es verdad que puede haber habido un pequeño aumento de la violencia entre los jóvenes europeos pero nada comparable con la que había hace un milenio. Es decir, no hemos vuelto al barbarismo previo. Roth plantea que la disminución de violencia es consecuencia de la existencia de un entorno seguro donde se confía en el estado, en las instituciones, y esto hace que no sea necesaria.

Lo que Frost y Harpending añaden es la posibilidad de un causa genética, que este declive de la violencia tenga que ver con la eliminación de la población de los individuos más propensos a la violencia. Sabemos que la predisposición a la violencia/agresividad tiene una heredabilidad del 40% y sabemos que en los últimos 10.000 años ha cambiado el 7% de nuestro genoma así que la idea tiene sentido. Además, habría que añadir que no es necesaria la eliminación física de los sujetos violentos. El cambio cultural pudo hacer que los sujetos violentos pasaran de ser considerados unos héroes a ser considerados unos parias. Quedarían marginalizados por la sociedad en su conjunto y no tendrían acceso al mercado de parejas al ser rechazados también por las mujeres.

No creo que la correlación que Frost y Harpending presentan sea suficiente para probar su hipótesis pero sí creo que  es verdad que un cambio cultural que se prolonga en el tiempo se convierte en una presión selectiva que puede favorecer unas determinadas configuraciones genéticas en lugar de otras. Esto no supone ninguna violación de los principios evolucionistas sino que es consecuencia lógica de los mismos.

@pitiklinov

Referencia:



viernes, febrero 19, 2016

Afrontando el Apocalipsis (entrevista a Lewis Dartnell)


Lewis Dartnell
Los antropólogos suelen hablar de cultura material cuando hacen referencia a cualquier tipo de objetos o herramientas utilizados por un grupo humano de cualquier época o lugar para sus cotidianos quehaceres. Si aterrizase un astrobiólogo extraterrestre en la tierra tras haberse producido una catástrofe de enormes dimensiones que hubiera acabado con todos los humanos, muy probablemente observaría y analizaría los restos que hubieran quedado de nosotros. Muy pronto tendría que llegar tras nuestro juicio final para encontrar cuerpos en descomposición o huesos. Pero aún mucho tiempo después de que hubiéramos desaparecido todavía quedarían sobre la faz de la tierra, acaso cubiertos por profusa vegetación, vestigios de nuestra civilización. Quizás el astrobiólogo extraterrestre pudiera cantar Eureka a partir de algún indicio de lo que fue nuestra cultura material. Pero….¿realmente podríamos imaginar algo semejante a un astrobiólogo extraterrestre, si no es desde una óptica antropocéntrica?  

En el libro Fiasco, del escritor de ciencia ficción Stanislaw Lem, un hombre es enviado a una misión de reconocimiento en un lejano planeta en el que parece haber algunos indicios de vida. El título de la obra solamente se entiende cabalmente al final, cuando se puede adivinar que, fuera lo que fuese aquello que parecía seguir unos patrones que pudieran asociarse a una actividad viva, o incluso consciente, no resultaba en absoluto reconocible e inteligible al visitante humano. El fiasco es monumental. La misión un fracaso. La lección profunda: no debemos esperar encontrar nada similar a nosotros.


Visto desde una perspectiva evolucionista todo resulta más comprensible, incluida la atónita incomprensión del viajero espacial humano de Fiasco. En nuestro planeta ha surgido un fenómeno complejo llamado vida que ha evolucionado en interacción con un entorno en principio físico y químico y con el tiempo, y progresivamente, según la vida “se abría paso”,  más biológico. No había un plan previo ni se perseguía ninguna finalidad lejana. La vida se copiaba a sí misma y variaba, e iban surgiendo nuevas formas de vida que se repartían la energía disponible para sus respectivos crecimientos y reproducciones  como buenos competidores.


Cómo pudo un simio social evolucionar hacia el astronauta capaz de experimentar el gran fiasco puede ser una interesante concatenación de circunstancias y eventos, con el hilo conductor evolutivo de la descendencia con modificación, pero no parece algo tan extraordinario, salvo que tengamos puesto en nuestro cerebro el “piloto automático antropocéntrico”. Ver otros mundos requiere adoptar otras perspectivas, acaso otra perceptiva. Nuestra percepción misma es un sofisticado producto de la evolución, puesto que vemos, oímos, gustamos, olisqueamos y palpamos aquellas cosas que entran dentro de nuestro nicho ecológico y cognitivo.


Así, nuestro astronauta, no entiende nada de cualquier tipo de vida que no haya evolucionado como evolucionó la vida en la tierra, y quizás acaso ni siquiera perciba los aspectos más significativos de ese modo de vida porque no dispone del mecanismo de percepción adaptado, adecuado a las circunstancias.


La vida es algo frágil. Para empezar va contra la entropía. Es como un barco que hiciera aguas y del que permanentemente hubiera que estar sacando cubos y más cubos para que no se hundiera en las profundidades del piélago del caos.


Pero no hay que pensar demasiado en ello. Nuestras células y nuestros sistemas fisiológicos, e incluso nuestro cerebro inconsciente, que es muy consciente a su manera de su función,  están perfectamente adaptados para salvarnos cada segundo de caer en la nada definitiva. Mientras nuestro cuerpo cumpla con sus funciones podemos dedicarnos a pensar cosas, y a jugar con nuestras emociones, para solucionar problemas de supervivencia en el medio ecológico y en el medio social humano. Y si además contamos con el sólido cimiento de eso que se ha dado en llamar Civilización, y una bien definida y establecida cultura material genera para nosotros millones de cosas que nos hacen la lucha por la vida mucho más fácil, realmente podemos entregarnos a auténticas juergas mentales y pensar en teoremas matemáticos  o escribir obras literarias llenas de personajes con profundas y complejas historias y pensamientos en sus vidas ficticias.


Se puede comprender que la cultura, entendida como esas manifestaciones de la mente humana en una civilización avanzada - con expresiones tales como la Novena Sinfonía de Beethoven o el Cuadro de las Meninas de Velázquez, o poniéndonos más de actualidad, el argumento, la puesta en escena e interpretación de la serie Breaking Bad – no es más que algo que nos podemos permitir porque detrás de ello, o por debajo, están una cultura material, unos sistemas de relación social complejos y una regulación homeostática finamente ajustada. También, por supuesto, y de telón de fondo evolutivo, un medio ambiente ecológico que todavía es capaz de mantener la vida en la tierra, aunque desconocemos por cuanto tiempo.


Los seres humanos somos animales juguetones y traviesos, en ocasiones perversos e indiferentes, pero en cualquier caso somos lo que somos, y nuestra evolución nos ha llevado a este punto de grandes dominadores del medio, de especie hegemónica e la Tierra, al menos sobre el papel (en el que solamente sabemos escribir nosotros).


Pero al igual que un científico tímido dedicado a la enseñanza en un instituto puede convertirse en el mayor traficante de cristal de Estados Unidos –en la serie Breaking Bad arriba mencionada- tras una serie de desafortunadas circunstancias, la especie humana puede echarse a perder, destruyendo desde dentro la Civilización que ella misma ha levantado.


Como decíamos la vida es algo frágil. La sociedad humana es también frágil. Y el final, que puede resultarnos acaso inconcebible tan rodeados que estamos de tecnología y talento y tan pagados que estamos de nuestros propios méritos, que hasta nos llamamos Homo sapiens, podría estar a la vuelta de la siguiente esquina, o después del próximo telediario.
Piénsenlo. Bastaría un buen apagón eléctrico para que estuviéramos a nada de volver atrás en la civilización cientos de años. No sería fácil remontar, como puede ingenuamente creerse, porque aunque dispusiésemos de viejos métodos para vivir sin electricidad no podrían ni remotamente servirnos para el aprovechamiento de los recursos a escala masiva y planetaria que esta permite. Dejar a casi diez mil millones de personas sin luz sería casi asegurar un genocidio.


Un científico inglés, astrobiólogo para más señas (de vida), ha escrutado el rostro poco amable de un escenario apocalíptico devolviéndole una sonrisa. ¡Vale, de acuerdo! Habrá revueltas, habrá matanzas, hambrunas, gente corriendo y gimiendo, un caos, un auténtico Apocalipsis. Se formarán hordas. Los que tengan la fuerza requerida para estas terribles circunstancias, así como un poco de suerte, acapararán recursos y los distribuirán según entiendan que deben hacerlo, llevándose la mejor parte. Bien, seguramente. Pero ¿es posible esperar un mañana tras el colapso? ¿será capaz la humanidad superviviente de ir más allá del agotamiento de los escasos recursos aún aprovechables tras la catástrofe, y generar, poco a poco, con paso lento pero seguro, un armazón de sociedad organizada y colaborativa que extraiga de la tierra los recursos para sobrevivir y crear poco a poco cultura material para sustentarse, primero, y para vivir mejor después?


Lewis Dartnell ha condensado en un libro un saber enciclopédico de aquellas cosas que debiéramos conocer en caso de que tuviésemos que empezar de nuevo, y no precisamente tras una ruptura sentimental, sino después del colapso de la civilización que nos da soporte vital sin que apenas reparemos en ello. Su obra se titula, en su idioma The Knowledge, un título más que ajustado y apropiado para el asunto que aborda. En castellano la editorial que lo ha publicado le ha buscado un título más llamativo, acaso, pero también bastante preciso: Abrir enCaso de Apocalipsis.

Yo me agencié una copia en papel. Lo tendré a mano, por si acaso. Nunca se sabe lo que pude llegar a suceder.

Agradecemos al Profesor Dartnell su amabilidad al responder a nuestras preguntas.

En inglés:   



1.-The astrobiologist Carl Sagan said that extraordinary claims require extraordinary evidence. What could we say about the improbability of the extraordinary phenomenon called life and the improbability of that extraordinary phenomenon called consciousness in an extraordinarily large and mysterious universe?


It's true that we don't yet have any evidence at all for the existence of life beyond the Earth. So in a sense, my field of research - astrobiology - is a science that doesn't yet know if its subject matter even exists. But black holes, microbes, and gravity waves were also postulated before any observational evidence for them was discovered. Astrobiology as a field of science is all about trying to understand as much as we can about the origins and limits of life on Earth, whether the conditions on other worlds are potentially habitable for life, and devising means and methods for detecting extraterrestrial organisms. Astrobiology is therefore a deeply 'interdisciplinary' field of science, combining elements of microbiology, biochemistry, geology, physics and astronomy, and robotics for remote exploration. 


As we search for so-called 'biosignatures' of life on the other planets and moons in our solar system, or in the atmospheres of extrasolar Earth-like planets, we will of course have to build up a rigorous and robust case before we can make any announcement about having found alien life. This would need to involve repeated independent measurements  and separate lines of evidence from different instruments or analytic techniques, all corroborating each other, before we could be confident of having found signs of extant or extinct life on another world. 



2.-The better we have tamed the ecological environment as species, the most vulnerable we have become as individuals. To enjoy the advantages of the division of labor, and technological and social complexity we must pay the price of ignorance about how to obtain resources and save our skins in the natural environment. Could we say that in our species we start being adapted to ecological systems to end being adapted to the social systems we ourselves have created? Could it be the extinction the risk to pay for this specialization?


My primary field of research is astrobiology, and I've published a popular science book introducing this exciting exploration to the general reader, 'Life in the Universe: A Beginner'sGuide'. My most recent book, 'The Knowledge: How to Rebuild our World fromScratch', or "Abrir en Caso de Apocalipsis" in the Spanish translation, is about something completely different. It is a grand thought experiment on how you could go about rebooting civilisation itself, if you ever needed to. Of course, I don't really believe the world is about to end, but I think that the notion of the apocalypse, and the loss of all that we take for granted in our everyday lives, is a really good way of exploring the behind-the-scenes fundamentals of how our modern civilisation works, and how we progressed and developed over the centuries of history. What key knowledge would you need to not only survive in the immediate post-apocalyptic aftermath, but avert another Dark Ages and accelerate the rebooting of civilisation from scratch? 


One of the topics I explore in the book, as you say, is how in the developed world we have become increasingly dependent on civilisation as a life-support system -- as individuals we have lost a lot of our ancestors survival skills and practical know-how. How many of us actually grow our own food, or make our own clothes or tools anymore, rather than just buying them from a shop on the high-street, and simply throwing them away if they break. This interdependency of all of us within society is of course a natural feature of the division of labour - the only reason our society has become so fantastically productive and efficient is because each of us has a very specific role to play, and we never learn each other's skill sets. 


But a flip-side of this specialisation and incredible degree of interdependence in modern civilisation is that if anything catastrophic ever were to occur, and society collapsed, many of us would be at a loss of how to go back to the basics to provide for ourselves. And it is this fascinating area that I have explored in 'The Knowledge' 



3.-Professor Stephen Emmott has posed a doomsday scenario a little different from the usual fashionable (for example in TV serials): In his view of doomsday we would reach a point of no return through the unsustainable exploitation of natural resources with modern agriculture and modern cattle rising combined with the exponential growing of population. Somehow he retakes Malthusianism. The remarkable thing about his approach is that it has been our technological and economic development, our civilizational development which has led us to this fragile present. All creations of human intelligence and culture happen to be, in a sense, double-edged swords. Are the seeds of our destruction inside our Promethean growth?


As a species, humanity certainly is starting to stress the natural environment that ultimately supports us. We are allowing our pollution to cause eutrophication of rivers and dead-zones in coastal areas, to overload the atmosphere with carbon dioxide to cause global warming and acidify the oceans. We are over-exploiting natural resources and degrading the landscape. Many of these problems stem from the burgeoning population of humans and the growing amount of resources each of us are consuming, and in particular the agriculture of crops and cattle to feed us.  I think we are at something of a crunch-point in history right now, and the decisions we collectively make this generation will have very long-reaching implications. Having said that, I'm not morosely pessimistic, and I believe that we will be able to find the solutions to these many challenges, if only we put our minds to it. One of the lessons of 'The Knowledge' is just how ingenious and resourceful humanity has been in solving problems through history. I certainly don't think we're necessarily doomed, but we are going to have to make some tough decisions, and all of us make certain changes to our lives. The development of civilisation and advancement of technology are not inherently bad, but they must be carefully managed as we are now having global effects on our home planet.  



4.-The Documentary The World Without Us shows how the world probably would be if suddenly all humans disappear completely. You don’t go so far in your book, but anyhow you suggest that the number of humans who would survive a major catastrophe could be decisive to recommence a new civilization and how it would be possible to recommence. How much manpower would we need to form a cohort with a good chance of survival?


In The Knowledge I avoid specifying any particular kind of apocalypse -- the lessons in the book would be important in any scenario for trying to recover -- or indeed how many people happen to be left. These are all details that of course would have an effect on the eventual outcome, but are not important in the overall discussion. But you can also turn to history to get a pretty good idea of how many post-apocalyptic survivors would be required to begin repopulating safely -- i.e. what sized community contains enough genetic diversity. Studies on the DNA of indigenous populations in North America and New Zealand suggest that a population of a few hundred men and women ought to be ok. But with such a small population you would risk sliding back to a hunter-gather existence - you need a certain number of people to reliably keep agriculture going and other skills and crafts. So I pick as a starting point for the thought experiment in The Knowledge of a peaceful, collaborative community of say 10,000 people. 



5.-What devices would you recommend to keep in our suitcases if we were travelers who were going to shipwreck on a desert island?


I thought long and hard while I was researching and writing The Knowledge about what items would be most useful if you did ever had to start civilisation again from scratch -- whether that's in a post-apocalyptic world, or shipwrecked on a desert island like Robinson Crusoe, or perhaps even fallen through a time-warp to the year 10,000 BC. Clearly certain things would be immediately useful for survival - a good knife, axe, first aid kit, water purification tablets, fire-starting kit, and so on. But what would you need not just to survive, but to help accelerate the building of a comfortable and capable society? In the book I talk about the recipe for making glass from scratch (you can actually get the three major ingredients from the beach on your desert island!), or constructing a simple machine tool such as the lathe, or smelting metal for tools. Because you can use all of these _together_ to start making everything else that you need. And of course, I would recommend that you keep a copy of The Knowledge with you at all times, perhaps stored on a Kindle (with a few other books full of practical information) and with a solar panel so you can keep the battery recharged without mains electricity! 



6.-Is it reasonably expectable us to colonize space before it drops the sword of Damocles of extinction on our heads?


I don't think that a few select people escaping into outer space is the answer to the current situation we find ourselves in -- colonising Mars, for example, would never present a solution to the problems still encountered for the masses left at home on Earth. But there are very good reasons to start founding self-sufficient colonies (with all of the tools and knowledge they need to provide for themselves, as I explain in the book) on other planets so that if, heaven-forbid, the Earth were to be struck by some global catastrophe, such as an asteroid impact, then we wouldn't be wiped out as a species. The independent colonies would live-on, and may one day then recolonise the Earth once the environment has re-stabalised. This is the idea about not keeping all of our eggs in the one planetary basket. We might anticipate being able to start these self-sufficient colonies (perhaps on Mars) within the coming century, and so hopefully we won't have wiped ourselves out by then. 



7.-What are you working on now?


I’m continuing to work hard on my astrobiology research programme, and understanding what signs of bacterial life we might be able to detect on the surface of Mars. I’ve also begun work on my fourth popular science book….





En castellano:


1.-El astrobiólogo Carl Sagan dijo que las afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias. ¿Qué podríamos decir de la improbabilidad del extraordinario fenómeno llamado vida y del extraordinario fenómeno llamado conciencia en un universo extraordinariamente grande y misterioso?


Es cierto que todavía no disponemos de evidencia alguna de existencia de vida extraterrestre. Por lo que en cierto sentido mi campo de investigación –que es la astrobiología - es una ciencia cuyo objeto todavía desconocemos si existe. Pero cosas tales como los agujeros negros, los microbios o las ondas gravitacionales fueron teóricamente postulados antes de que se descubriera alguna evidencia observable de los mismos.


La Astrobiología como campo científico tiene mucho que ver con los intentos de entender en la medida de lo posible lo referente a los orígenes y los límites de la vida en la Tierra, así como saber qué condiciones harían potencialmente habitables otros mundos y diseñar medios y métodos para detectar organismos extraterrestres. Se puede decir por tanto que la Astrobiología es un campo científico esencialmente “interdisciplinario”, que combina fundamentos de microbiología, bioquímica, geología, física  y astronomía, así como robótica para la exploración a distancia. Mientras buscamos las conocidas como "biofirmas 'de la vida en los planetas y  lunas de nuestro sistema solar, o en las atmósferas de exoplanetas similares a la Tierra, sin duda tendremos que presentar evidencias rigurosas y sólidas antes de que podamos anunciar que hemos encontrado vida extraterrestre. Antes de que pudiéramos estar seguros de haber encontrado signos de vida presente o extinta en otros mundos se requerirían mediciones independientes repetidas y pruebas provenientes de diferentes vías, realizadas con distintos instrumentos y técnicas analíticas, de forma que todas ellas se corroborasen entre sí.


2.-Cuanto mejor hemos logrado dominar, como especie, nuestro entorno ecológico, más vulnerables nos hemos vueltos como individuos. Para poder disfrutar de las ventajas de la división del trabajo, y de la complejidad tecnológica y social hemos tenido que pagar el precio de la ignorancia sobre cómo obtener recursos y salvar el pellejo en el medio natural. ¿Podríamos  decir que comenzamos nuestra andadura como especie adaptándonos a los sistemas ecológicos para terminar adaptándonos a los sistemas sociales que nosotros mismos hemos ido creando? ¿Podría ser la extinción el riesgo asumido por esta especialización?


Mi campo de investigación principal es la astrobiología, y para introducir al lector general a esta apasionante exploración he escrito un libro de divulgación titulado ''Lifein the Universe: A Beginner's Guide'.


Más recientemente he escrito 'The Knowledge: How to Rebuild our World fromScratch', o "Abrir en Caso de Apocalipsis" en la traducción española, que trata sobre algo por completo diferente. Consiste en un gran experimento mental sobre el modo en que podría reconstruirse la civilización por sí misma, si fuera necesario.  Por supuesto no creo que realmente el mundo esté a punto de acabarse, pero me parece que la noción del apocalipsis, con la pérdida de todo lo que damos por sentado en nuestra vida cotidiana, es una muy buena forma de explorar entre bastidores los fundamentos de cómo funciona nuestra civilización moderna, y cómo hemos progresado y nos hemos desarrollado a lo largo de los siglos de nuestra historia. ¿Cuáles serían los conocimientos clave que necesitaríamos no sólo para sobrevivir a los escenarios post-apocalípticos inmediatos, sino para poder evitar una nueva edad oscura y acelerar la reconstrucción de la civilización desde cero?


Como usted dice, uno de los temas que abordo en el libro es como nos hemos vuelto cada vez más dependientes en el mundo desarrollado de la civilización como un sistema de soporte vital - como individuos hemos perdido gran parte de las habilidades de supervivencia y de los conocimientos prácticos de nuestros ancestros.  ¿Realmente cuántos de nosotros seguimos cultivando nuestro propio alimento, o fabricando nuestra propia ropa y herramientas, en vez de comprarlo todo en una tienda calle arriba, y después simplemente tirando todo lo que se rompa a la basura? La interdependencia que existe entre todos nosotros dentro de la sociedad es, por supuesto, una característica natural de la división del trabajo - la única razón por la cual nuestra sociedad ha llegado a ser tan increíblemente productiva y eficiente es porque cada uno de nosotros tiene un rol muy específico que desempeñar, y en consecuencia nunca aprendemos el conjunto de habilidades de los demás.


Pero  la otra cara de esta especialización y del increíble grado de interdependencia de la civilización moderna es que si algo catastrófico llegara a suceder, y la sociedad se derrumbase, muchos de nosotros estaríamos en la calamitosa situación de tener que volver a lo esencial para proveernos a nosotros mismos. Y esta es el fascinante escenario que he explorado en “Abrir en Caso de Apocalipsis”.




3.-El profesor Stephen Emmott ha planteado un escenario del fin del mundo un poco diferente del habitual en boga (por ejemplo, el que puede verse en las series de televisión): En su hipótesis sobre el fin del mundo llegaríamos a un punto de no retorno a través de la explotación insostenible de los recursos naturales con la agricultura y la ganadería modernas combinados con el crecimiento exponencial de la población. De algún modo retoma el maltusianismo. Lo notable de este enfoque es que han sido nuestros desarrollos tecnológico y económico, el desarrollo de nuestra civilización, el que nos ha llevado a este frágil presente. Todas las obras de la inteligencia humana y de la cultura resultan ser, en cierto sentido, armas de doble filo. ¿Están las semillas de la destrucción dentro de nuestro crecimiento prometéico?


 
Los seres humanos, como especie, estamos empezando a tensar al medio ambiente que en última instancia es nuestro soporte. Estamos dejando que nuestra contaminación de origen a la eutrofización en los ríos y a zonas muertas en las áreas costeras, que sobrecargue la atmósfera con el dióxido de carbono que causa el calentamiento global y la acidificación de los océanos. Estamos sobreexplotando los recursos naturales y degradando los paisajes.


Muchos de estos problemas se derivan del crecimiento poblacional humano y de la creciente cantidad de recursos de cada uno de nosotros consume, en particular los recursos alimentarios provenientes del ganado y de los cultivos agrícolas.  Diría que a día de hoy nos encontramos ante algo así como un momento crucial de la historia, en el que las decisiones colectivas que tome nuestra generación tendrán implicaciones de muy largo alcance. Aún diciendo esto,  no me considero un pesimista malhumorado, y creo que seremos capaces de encontrar soluciones para esta multiplicidad de desafíos con sólo poner a trabajar nuestra mente en ello.


Una de las enseñanzas que pueden extraerse de "Abrir en Caso de Apocalipsis” es simplemente que el ingenio y las capacidades humanas han servido para solucionar problemas a lo largo de la historia. Ciertamente no creo que estemos necesariamente condenados, pero sí que vamos a tener que tomar algunas decisiones difíciles que harán que todos nosotros debamos realizar ciertos cambios en nuestras vidas. El desarrollo de la civilización y el progreso tecnológico no son intrínsecamente malos, pero deben manejarse con cautela ahora que se están produciendo efectos de carácter global en el planeta que es nuestro hogar.


4.-El Documental El mundo sin nosotros nos muestra cómo sería probablemente un mundo en el que de repente todos los seres humanos hubieran desaparecido. Usted no se aventura tan lejos en su libro, pero en cualquier caso sugiere que el número de seres humanos que sobrevivieran a una catástrofe de grandes proporciones podría ser decisivo para reconstruir de nuevo la civilización y para que fuese posible empezar de nuevo. ¿Qué número de efectivos necesitaríamos para formar una cohorte con buenas oportunidades de supervivencia?

En “Abrir en Caso de Apocalipsis” evito especificar cualquier tipo concreto de apocalipsis - las indicaciones del libro serían importantes en cualquier escenario en el que tratáramos de iniciar la recuperación - e incluso cuanta gente pudiese quedar. Estos son todos detalles que, por supuesto, tendrían sus efectos en el eventual curso de las cosas, pero que tienen escasa importancia en el planteamiento general. Pero puede recurrir a la historia para hacerse una idea bastante aproximada del número de supervivientes post-apocalípticos que harían falta para comenzar con cierta seguridad la repoblación- es decir,  de qué tamaño tendría que ser una comunidad para contener la suficiente diversidad genética. Los estudios del ADN de las poblaciones indígenas de América del Norte y de Nueva Zelanda sugieren que una población de unos pocos cientos de hombres y mujeres serían suficientes. Pero con una población tan pequeña nos arriesgaríamos a volver nuevamente a una existencia de cazadores-recolectores – Sería preciso un cierto número de personas para mantener de forma fiable y viable la producción agraria así como la artesanía y otras cualificaciones. Por eso, en el experimento mental de “Abrir en Caso de Apocalipsis”, tomo como punto de partida para una comunidad pacífica y colaborativa un número de, digamos, 10.000 personas.




5.-¿Qué nos recomendaría que metiéramos en nuestras maletas si fuéramos unos viajeros condenados a naufragar en una isla desierta?

Mientras investigaba y escribía “Abrir en Caso de Apocalipsis” estuve pensando largo y tendido en qué cosas serían de mayor utilidad si se diese la circunstancia de que tuviéramos que comenzar de nuevo desde cero la civilización- ya en un mundo post-apocalíptico, ya en una isla desierta, como Robinson Crusoe, tras un naufragio, o tal vez incluso tras caer por un túnel del tiempo en el año 10.000 antes de Cristo. Claramente algunas cosas serían de inmediata utilidad para la supervivencia – un buen cuchillo, un hacha, un botiquín de primeros auxilios, pastillas para hacer potable el agua, un equipamiento para encender fuego, etc.  Pero ¿qué necesitaríamos, no solamente para sobrevivir, sino para poder acelerar el establecimiento de una sociedad apta y acogedora?


En el libro explico la receta para fabricar vidrio desde cero (¡realmente pueden obtenerse los tres ingredientes principales  se puede conseguir los tres ingredientes principales en la playa de su isla desierta!), o para construir un artefacto sencillo como el torno, o para fundir metales para hacer herramientas.  Porque a partir de esas cosas juntas uno puede empezar a hacer todo lo demás que necesite.  Por supuesto recomendaría que tuviera con usted una copia de “Abrir en Caso de Apocalipsis” en todo momento, acaso guardada en un Kindle (junto con otros libros repletos de información práctica), pero con un panel solar para poder mantener la batería siempre cargada…¡sin red eléctrica!



6.-¿Es razonable esperar que seamos capaces de colonizar el espacio antes de que la espada de Damocles de la extinción caiga sobre nuestras cabezas?

No me parece que el que un grupo de personas elegidas pudiese escapar hacia el espacio exterior sea la respuesta a la situación en la que nos encontramos en la actualidad – colonizar Marte, por ejemplo, nunca supondría una solución a los problemas que tendrían que afrontar las masas que permaneciesen en sus casas en la Tierra.


Pero existen muy buenas razones para fundar colonias autosuficientes en otros planetas (que dispusiesen de todas las herramientas y conocimientos que necesitaran para mantenerse por sí mismos, como señalo en el libro) de modo que si, el cielo no lo quiera, la Tierra fuera a ser sacudida por una catástrofe global, como por ejemplo un impacto de asteroide, nuestra especie no se extinguiría. Las colonias independientes continuarían la vida, y entonces, quizás algún día, podrían recolonizar la Tierra, una vez el medio ambiente se hubiera estabilizado.  La idea es no mantener todos los huevos en la misma cesta planetaria. Quizás podríamos establecer estas colonias autosuficientes (tal vez en Marte) a lo largo del próximo siglo, así que espero que no nos hayamos quitado a nosotros mismos de en medio para entonces.


7.-¿En qué está trabajando en estos momentos?

Continúo trabajando duro en  mi programa de investigación de astrobiología, y entendiendo cuáles son los signos de vida bacteriana que podríamos ser capaces de detectar en la superficie de Marte. Además he empezado a trabajar en mi cuarto libro de divulgación científica ....

jueves, febrero 11, 2016

¿Por qué engordamos? (Entrevista a Gary Taubes)



Gary Taubes

Pregúntese qué peso tiene su peso para usted. Sopéselo. El asunto es de una gravedad o liviandad que parecen correr paralelas a su propia corpulencia o delgadez. O eso se cree. Pero se creen muchas cosas, demasiadas, y se ignora todo lo demás que no encaje con el cuerpo de creencias, que son creencias que no caen por su propio peso. ¿Qué es lo que sabemos realmente sobre la grasa que se acumula en nuestro cuerpo? ¿Cómo y por qué se acumula? ¿Qué peso tienen los genes y qué peso el ambiente en nuestra tendencia a ganar o a perder peso? ¿Qué efectos produce la acumulación de grasas a largo plazo en nuestro organismo y en su funcionamiento? ¿Cuál es la masa crítica a partir de la cual nuestra masa corporal se puede considerar excesiva? ¿Es el IMC (índice de masa corporal) un buen indicador del potencial estado de salud de nuestro cuerpo? Estar gordo puede suponer un problema estético y psicológico si de lo que se trata es de resultar atractivo. Pero, más allá de la imagen corporal, de la llamada autoimagen, que sin duda tiene una importancia que sólo hipócritamente puede negarse, está la salud, que para el individuo puede ser cuestión de vida y muerte y para las sociedades representar un peso económico considerable. Los sistemas de salud no van a dar previsiblemente abasto con las enfermedades asociadas de una u otra forma con los kilos de más. Siendo además sistemas creados bajo la óptica biomédica de atacar los síntomas con tratamientos, muy adecuados para las enfermedades infecciosas agudas, flaquean a la hora de dar respuestas eficaces para las enfermedades crónicas, que requieren más de prevención que de tratamiento.

Se han creado en torno a la grasa acumulada algunos mitos. Uno de ellos es el de que las grasas son malas. Si lo que acumulamos son grasas parece lógico pensar que lo que no debemos poner en nuestro plato son grasas. Creencia, mito, error.  Porque nada de esto sirve para comprender cómo el cuerpo genera y acumula las grasas ni el papel que desempeña la insulina en nuestro metabolismo.

Otro mito muy extendido es que hay un equilibrio energético preciso entre calorías ingeridas y calorías gastadas, como si se tratase de una contabilidad de partida doble, y que el contable llamado ponderostato se encarga de registrar para que nos mantengamos en un determinado peso corporal. Si se ingiere demasiado y se quema poco, se engorda, y si se ingiere poco y se quema mucho se adelgaza. O, dicho de forma clara que todo el mundo lo entienda, hay que comer poco y hacer mucho ejercicio y no a la inversa. Depende de nuestra voluntad. Creencia, mito, error.

Cuando el ponderostato parece volverse loco y jugar una arriesgada partida de contabilidad creativa, haciéndonos comer vorazmente y acumular ilimitadamente, y limitando, por el contrario, nuestra movilidad hasta lo que se ha dado en llamar sedentarismo, no parece que cada caloría pese igual. De hecho algunas calorías pesan más. Todas las calorías son iguales, sí, pero unas son más iguales que otras.  Nuestro cuerpo nos pide más y más de cierto tipo de calorías. Se produce una inflación que proviene directamente de las calorías contenidas en los carbohidratos…..calorías vacías. El Señor Ponderostato, que no es otra cosa que un complejo sistema de señales hormonales y nerviosas que regulan el apetito y la digestión, y que en poco se ve dirigido por el ejecutivo del lóbulo frontal del cerebro,  deja de funcionar correctamente ante las avalanchas continuadas de azúcares refinados que entran en el torrente sanguíneo con cada comida o tentempié.

Hay más mitos, pero los dos señalados son suficientes para crear una cosmovisión de la obesidad que deja poco espacio para explicaciones menos coloridas e intuitivas pero más aproximadas de los factores que están en el origen de la epidemia de obesidad que nos asola en los albores del siglo XXI. Son pocos aún, pero cada vez más, los que se atreven a señalar a aquellos componentes de nuestra dieta que no estaban presentes cuando evolucionamos como especie. Muy al principio de esta epidemia, no obstante, y tal como nos cuenta Gary Taubes en su libro Cómo Engordamos y qué Hacer al Respecto, parecía que los médicos e investigadores sí entendían correctamente la relación existente entre las cascadas de azúcar y el desarrollo de la obesidad, así como la bondad o al menos la inocuidad relativa de las grasas. No obstante hubo un punto de inflexión a mediados del siglo pasado y, desde entonces hasta nuestros días la resistencia a la insulina ha ido en aumento……resistencia por un lado de los médicos e investigadores en aceptar el papel central de esta hormona en la obesidad, y por otro una paralela y creciente en los cuerpos de los ingenuos consumidores de alimentos que escogían sus menús siguiendo las directrices marcadas por el Departamento de Agricultura de EEUU.  Todo el sistema económico se articuló en torno a estos mitos, los Estados garantizaron la producción a gran escala de comida de diseño que las grandes corporaciones alimentarias proveyeron….para engordar sus valores en bolsa mientras engordaban a sus ingenuamente satisfechos clientes. Y la epidemia de obesidad y el síndrome metabólico asociado pasaron al primer plano de los problemas de salud, a costa de los enfermados o del erario público.

Gary Taubes publicó un libro necesario y polémico llamado Good Calories, Bad Calories, en el que explicaba detalladamente por qué las cuentas no salían en el recuento de calorías. Quiso después escribir un libro un poco menos técnico y más accesible para poder llevar su mensaje al gran público. De ahí surgió Cómo Engordamos y que Hacer al Respecto. En este libro nos habla del tejido adiposo, ese grupo de células que acumulan grasa que parecen tener sus propios objetivos y funcionar como un órgano más dentro del cuerpo, y no simplemente como mero almacén provisional de existencias calóricas. Cuenta la historia de quienes lo han investigado, en animales de laboratorio y en poblaciones humanas, y cómo la observación de la forma en la que acumulamos grasa ha llevado a la conclusión de que son los carbohidratos refinados, combinados con la insulina, las moléculas implicadas en las ganancias de peso.

Gary Taubes ha tenido la inmensa amabilidad de responder las preguntas que hemos preparado junto con Luis Jiménez en la Nueva Ilustración Evolucionista.

En inglés:


1.-  Are refined carbohydrates toxic?
Well, “toxic" is a loaded word. I do think they have unique properties — particularly their ability to stimulate insulin secretion — that makes them literally fattening. And, as I argue in my books (and many others have as well), virtually all of us who get fat do so because of the quantity and quality of carbohydrates we consume. Refined grains and sugars — sucrose and high fructose corn syrup, in particular -- are the offending carbohydrates, albeit working with different biological mechanisms. 


2.- Are we living in an obesogenic environment?
Yes, clearly. The question, though, is what about it makes it obesogenic. Is it that we just eat too much and exercise too little? Or is it, as I just suggested, the kinds of carbohydrates we consume, the refined grains and sugars that are now ubiquitous in modern diets. 

3.-What can we know for certain about the available resources in the environments in which our species evolved and the evolution of our feeding behavior?
 We can know what we didn’t eat; we can’t know for certain what we did. The argument I’m making — again, not a new one — is that the epidemics of obesity and diabetes through which we’re living are most likely caused by the new additions to our diets over the past few hundred years. The most obvious are highly refined grains and refined, fructose-rich sugars. The paleo movement argues that we would be healthiest if we could establish precisely what we ate during the two million years pre-agriculture in the paleolithic era and then eat that, and this may be true. But our paleolithic diets would have varied widely in different environments and it’s hard to establish how much we’re now adapted to the thousands of years of being agriculturalists. As such, there’s a lot of overlap between the paleo movement and what I’ve been arguing, but a few substantial differences as well. 


4.-Do you agree with the AMA that obesity is a disease? How can obesity lead to chronic diseases?
 As for whether obesity is a disease, I’m undecided. I think it’s certainly a chronic disorder, but whether it technically fits the definition of a disease, I don’t know. Regarding how obesity leads to chronic disease, I think that’s also an open question. Certainly the metabolic derangement that accompanies obesity — including dyslipidemia, glucose intolerance, inflammation, insulin resistance, etc. — is associated with other chronic diseases, but I think its still an open question whether the obesity causes the derangement or just exacerbates it or just associates with it. If the latter, then whatever dietary factors lead us to get fat also cause these chronic diseases as well. The latter is what I believe, but my opinion is very much a minority one.  


5.-What do you think is the role of the brain reward circuit (and the high palability of food) in obesity?
I’m not a fan of the idea that highly palatable food or “food reward”, whatever that might mean, is the cause of obesity. Those ideas imply that we get fat because we eat too much of these foods — either because they trigger the brain reward circuit, as you put it, or they just taste too good — and so we store excess calories we don’t burn as fat. As I point out in chapter 1 of Why We Get Fat, the literature is rife with examples of exceedingly poor populations with high levels of obesity in the midst of malnutrition and few foods that we would consider highly palatable, let alone enough of them to some how “overeat.” Moreover, researchers have demonstrated over the years that animals will get fat even on foods that have been treated in such a way as to become highly unpalatable. My belief is that the problem is a peripheral one not a central one: Refined grains and sugars set up a metabolic/hormonal milieu that partitions fuel into fat. Because these foods provoke storage of calories rather than oxidation — i.e. energy use -- they tend to increase our hunger, which in turn makes them appear more highly palatable. So I think it’s the fattening nature of the foods that leads us to crave them. Again, this is very much a minority opinion.  

6.-What role could be attributed to the microbiota in connection with a taste for carbohydrates and their metabolism?
  This is another question I can’t really answer. There’s been an explosion of research lately on the microbiota and its effect on metabolic health. I’m still wondering if the explosion of research is because the microbiota plays such a significant role or because the research community has failed so completely to understand the causes of obesity and diabetes that researchers are desperate for any new approach that might shed light on the issue and doesn’t require acknowledging that their current belief system is actually incorrect. So at the moment I’d say that microbiota research is generation a lot of noise, but it’s unclear whether there is a meaningful signal, and it may be another decade or two before we find out. 

7.-Why do we have so ingrained the myth of cholesterol and fats as public enemy number one? Do you think the business of statins play a role in this belief?
 This is a belief system (maybe a myth, as you say) that dates back to the 1950s. It was fully embraced by the 1980s, despite the absence of definitive evidence to support it. Once we institutionalized this belief in the medical and public health guidelines, I think physicians, researchers and the public health authorities convinced themselves that it had to be true and have found it very difficult to pay attention to the evidence that I and others would argue refutes it. This is human nature (as Francis Bacon noted 400 years ago) and it’s one reason why good scientists prefer to remain exceedingly skeptical of their own beliefs until they have absolutely no choice but to accept them. As the Nobel Laureate physicist Richard Feynman said, the first principle of science is that you must not fool yourself and you’re the easiest person to fool. Statins certainly played a role by convincing physicians and medical authorities that if they lower cholesterol, or at least LDL cholesterol, they’ll also reduce risk of heart disease, at least in certain populations. Then they jumped to conclusions and decided that if a drug that lowered LDL cholesterol reduced risk of heart disease, a high fat diet that raises LDL cholesterol must increase risk. This was a reasonable hypothesis, but the evidence from randomized trials, at least as I see it, refutes it.

8.-When will we know the results of the NuSI initiative trials? Do you believe they will confirm your theories in favor of low-carb diets?
The results from one of our pilot studies should be published this year, and I think they support the argument in my books, but it’s a pilot study and a flawed one at that. Interpretation of the results is very much open to question. We’re in the process now of planning the follow-up trial, which should provide much less ambiguous results (knock on wood), but that one won’t have results for another five years. We funded another study at Boston Children’s Hospital that is addressing the same question about whether or not obesity is an energy balance disorder and “a calorie is a calorie”. Results from that study should be published in two years. I hope it will support my bias, but if I knew for sure, we wouldn’t have to do the study. And even if it does, it’s another question entirely whether the research community will recognize these results as being sufficient to shift their belief system. I’d like to think so, but that may be naive optimism. 

9.-After so many changes and reviews (what once was good or bad is not good or bad anymore) what can we believe about dietetics?
 That’s a good question. If I’m right, then much of what we hear from the public health authorities about the nature of a healthy diet is not believable. But it takes an act of faith to trust a journalist on the subject of nutrition, obesity and diabetes rather than the acknowledged authorities. On the other hand, when it comes to weight loss, it’s easy enough to experiment with different types of diets and see what actually works for us as individuals. I’m arguing that diets that are restricted in carbohydrates and high in fat, even saturated fat, are healthy diets based on the existing randomized, controlled trials. I’m also arguing that it’s hard to imagine that a diet that allows individuals with relative ease to achieve and maintain a healthy weight is likely to be an unhealthy diet. But again, that’s very much a minority opinion. It’s a lousy situation for the world to be in and I hope we can resolve it in the next decade with better research. 


10.-What are you working on now? 
I just finished a draft of a book on sugar and it should be published in the U.S. before the year is out. I am also working with my non-profit, NuSI  to fund and facilitate clinical trials that can help resolve these nutrition controversies and to establish reliably and definitively what aspects of our diet and lifestyle cause obesity, and so how we have to eat to best prevent and treat it. I also spend a considerable amount of time working to communicate the ideas in my books and to get the researchers, clinicians and public health authorities to consider them seriously. 

En castellano:

1.- ¿Son tóxicos los carbohidratos refinados?

Bueno, "tóxico" es un término muy fuerte. Pienso que tienen propiedades únicas – muy en particular su capacidad para estimular la secreción de insulina -. que los convierten, literalmente, en engordantes. Y como vengo explicando en mis libros (al igual que muchos otros lo han hecho ya), prácticamente la totalidad de los que engordamos lo hacemos debido a la cantidad y calidad de los carbohidratos que consumimos.  Las harinas refinadas y los azúcares –la sacarosa y el jarabe de maíz alto en fructosa, en particular - son los hidratos de carbono dañinos,  a pesar de que nos afecten a través de distintos mecanismos biológicos.


 2.- ¿Vivimos en un entorno obesogénico?

Claramente sí. La cuestión es, sin embargo, que hay en él que lo convierte en obesogénico. ¿Es simplemente porque comemos demasiado y hacemos muy poco ejercicio? O es, como acabo de sugerir, por el tipo de carbohidratos que consumimos, las harinas refinadas y los azúcares, ahora ubicuos en las dietas modernas.

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3.- ¿Qué podemos saber con certeza acerca de los recursos disponibles en los entornos en los que nuestra especie evolucionó y sobre la evolución de nuestro comportamiento alimentario?
 
Podemos saber lo que no comíamos; pero no podemos saber con certeza en cambio lo que sí comíamos. El argumento que defiendo –que insisto, no es nuevo - es que las epidemias de obesidad y diabetes que estamos sufriendo son probablemente provocadas por lo que hemos ido añadiendo a nuestra dieta en los últimos cientos de años. Los añadidos más evidentes son las harinas altamente refinadas y los azúcares ricos en fructosa. El movimiento paleo defiende que seríamos más saludables si pudiéramos establecer con precisión lo que comíamos durante los dos millones de años previos a la agricultura, en la era paleolítica, y a partir de ahí comer lo mismo, y esto podría ser cierto. Pero nuestras dietas paleolíticas habrían variado considerablemente según los diferentes entornos y resulta difícil establecer en qué medida estamos adaptados hoy a miles de años siendo agricultores. De modo que existe un gran solapamiento entre lo que el movimiento paleo defiende y lo que yo propongo, aunque se den también sustanciales diferencias.


4.- ¿Está de acuerdo con la AMA en que la obesidad es una enfermedad? ¿De qué forma puede conducirnos la obesidad a las enfermedades crónicas?

Respecto a considerar a la obesidad como una enfermedad, estoy indeciso. Aunque creo que es sin duda un trastorno crónico, técnicamente no sé si se ajusta a la definición de enfermedad. Por lo que se refiere a cómo la obesidad conduce a la enfermedad crónica, lo veo también como una cuestión abierta. Ciertamente el trastorno metabólico que acompaña a la obesidad - que incluye dislipidemia, intolerancia a la glucosa, inflamación, resistencia a la insulina, etc -  está asociado con otras enfermedades crónicas, pero todavía es una cuestión abierta, a mi juicio, el que la obesidad cause los trastornos o simplemente los exacerbe o sencillamente vaya asociada con ellos. En caso de que se trate de lo último, se puede concluir que todos los factores dietéticos que nos llevan a engordar son asimismo causantes de estas enfermedades crónicas. Y eso es lo que yo creo, aunque mi opinión sea muy minoritaria.


 5.- ¿Qué papel cree que desempeña el circuito de recompensa del cerebro (y la elevada palatabilidad de los alimentos) en la obesidad?

No soy ningún entusiasta de la idea de que los alimentos muy palatables o "recompensantes", signifique esto lo que signifique, sean la causa de la obesidad. Esa idea nos llevaría a concluir que engordamos porque comemos demasiado de esos alimentos -sea porque activen el circuito de recompensa del cerebro, como usted dice, o simplemente porque sepan demasiado bien-  y que almacenamos el exceso de calorías que no quemamos como grasa. Como señalo en el primer capítulo de Cómo engordamos y que hacer al respecto, hay gran abundancia de estudios de poblaciones muy pobres en las que se dan elevados niveles de obesidad en medio de la desnutrición, habiendo pocos alimentos disponibles de los que consideraríamos muy agradables al paladar, y mucho menos los suficientes como para que algunos pudiesen sobrealimentarse con ellos. Por otro lado, la investigación ha demostrado a lo largo de los años que los animales que engordan lo hacen incluso con alimentos que han sido tratados con la finalidad de que tuvieran un sabor extremadamente desagradable. Yo creo que no se trata de un problema periférico sino central: las harinas y los azúcares generan un entorno hormonal / metabólico que convierte el combustible en grasa. Dado que estos alimentos provocan el almacenamiento de calorías en lugar de la oxidación –esto es, el uso de energía-  tienden a aumentar nuestro apetito, lo que a su vez los hace parecer mucho más sabrosos. Así pues, creo que es la naturaleza engordante de los alimentos lo que los vuelve más deseables. Y esta es también con mucho una opinión minoritaria.

  6.-  ¿Qué papel podría atribuirse a la microbiota en el gusto por los carbohidratos y en su metabolismo?

Es otra pregunta a la que realmente no puedo dar respuesta. Ha habido últimamente una explosión de investigaciones sobre la microbiota y sobre su efecto sobre la salud del metabolismo. Todavía me pregunto si la explosión de investigaciones es debida al importante papel que juega la microbiota o a que la comunidad investigadora ha fracasado tan completamente para entender las causas de la obesidad y la diabetes que están desesperados por encontrar cualquier nuevo enfoque que pueda arrojar algo de luz sobre el asunto y que no requiera admitir que en realidad lo que es incorrecto es su actual sistema de creencias. Así que por el momento diría que la investigación de la microbiota hace mucho ruido, pero lo que no está tan claro es si señala hacia algo significativo, y nos queden entonces una o dos décadas antes de que nos demos cuenta.


 7.- ¿Por qué está tan arraigado entre nosotros el mito de colesterol y las grasas como enemigos públicos número uno? ¿Cree que el negocio de las estatinas juegan algún papel en esta creencia?


Se trata de un sistema de creencias (tal vez de un mito, como usted dice) que tiene sus orígenes en la década de los 50. A pesar de la ausencia de pruebas concluyentes que lo apoyaran fue enteramente aceptado en la década de los 80. Una vez institucionalizada la creencia en las directrices médicas y de salud pública, creo que médicos, investigadores y autoridades de salud pública se convencieron de que tenía que ser verdadera y han tenido verdaderas dificultadas para prestar atención a las pruebas que otros y yo hemos presentado que la refutan. Así es la naturaleza humana (como Francis Bacon observó hace 400 años) y esa es una de las razones por la qué los buenos científicos prefieren permanecer extremadamente escépticos respecto a sus propias creencias hasta que no les queda otro remedio que aceptarlas. Como dijo el Premio Nobel de Física Richard Feynman, el primer principio en ciencia es que uno no debe engañarse a sí mismo, siendo uno la persona a la que más fácil resulta engañar. Las estatinas sin duda jugaron un papel al convencer a los médicos y a las autoridades médicas de que si bajaban el colesterol, o al menos el colesterol de baja densidad (LDL), iban también a reducir el riesgo de enfermedades cardiacas, por lo menos en ciertos grupos de población. Fue entonces cuando saltaron a las conclusiones y decidieron que si un fármaco disminuye el colesterol LDL reduce asimismo el riesgo de enfermedades del corazón y que una dieta alta en grasas que aumentara el colesterol LDL debería aumentar dicho riesgo. Esa era una hipótesis razonable, pero las pruebas aportadas por los ensayos clínicos aleatorios, al menos a mi juicio, la refutan.

 8. -¿Cuándo conoceremos los resultados de los ensayos de la iniciativa Nusi? ¿Cree que van a confirmar sus teorías sobre las ventajas de las dietas bajas en carbohidratos?

Los resultados de uno de nuestros estudios piloto deberían publicarse este año, y creo que apoyan lo que argumento en mis libros, pero es un solo un estudio piloto, por lo que no vale demasiado. La interpretación de los resultados suscita muchas más cuestiones. Ahora estamos en el proceso de planificación del ensayo de seguimiento, que debería proporcionar datos mucho menos ambiguos (toco madera), pero del que no tendremos resultados hasta pasados cinco años. Hemos financiado otro estudio en el Hospital Infantil de Boston encaminado a dar respuesta a la misma pregunta, esto es: si la obesidad es un trastorno del equilibrio energético y si "una caloría es una caloría". Los resultados de ese estudio se deberían publicar dentro de dos años. Espero que apoye mi punto de vista, aunque si lo supiera a ciencia cierta no haría falta ningún estudio. De todos modos, incluso si lo apoya, sigue siendo otra cuestión por completo distinta si la comunidad de investigadores reconocerá estos resultados como suficientes para cambiar su sistema de creencias. Me gustaría pensar que sí, pero quizás esté pecando de optimismo ingenuo.

 9. -Después de tantos cambios y revisiones (lo que antes era bueno o malo ya no es ni bueno ni malo) ¿Qué podemos creer sobre dietética?

Buena pregunta. Si tengo razón, mucho de lo que se nos ha dicho desde las autoridades públicas de la salud sobre lo que es una dieta saludable no se puede creer. Pero requiere un acto de fe confiar en lo que diga un periodista sobre la nutrición, la obesidad y la diabetes en lugar de en lo que señalen las autoridades reconocidas. Por otra parte, cuando se trata de perder peso, resulta bastante fácil experimentar con diferentes tipos de dietas y ver cuál de ellas funciona mejor para nosotros como individuos. Lo que yo digo es que las dietas restringidas en carbohidratos y altas en grasas, incluso en grasas saturadas, son dietas sanas de acuerdo con los ensayos aleatorizados y controlados existentes. Y también digo que resulta difícil imaginar que una dieta que permita perder peso y mantenerlo bajo a la gente de forma fácil probablemente sea una dieta insana. Pero, de nuevo, esta es en gran medida una opinión minoritaria. El mundo está en una pésima situación en este sentido, pero confío en que podamos resolverlo a lo largo de la próxima década con mejores investigaciones.

 10.-
¿En qué está trabajando ahora?

Acabo de terminar un primer borrador de un libro sobre el azúcar que debería estar publicado en EE.UU. antes de que finalice el año. También trabajo en la organización sin ánimo de lucro, Nusi para financiar y facilitar los ensayos clínicos que puedan ayudar a resolver estas controversias en nutrición y a establecer de forma fiable y definitivamente qué aspectos de nuestra dieta y estilo de vida causan la obesidad, así como que tenemos que comer para mejor prevenirla y tratarla. También paso una cantidad considerable de tiempo comunicando las ideas expuestas en mis libros e intentando que los investigadores, los médicos y las autoridades públicas de salud los consideren seriamente.