domingo, noviembre 19, 2017

Pensar con el estómago (Entrevista al Dr Emeran Mayer)

Dr Emeran Mayer
En libros como Decisiones Instintivas de Gerd Gigerenzer o Inteligencia Intuitiva de Malcolm Gladwell, entre otros, se plantea la interesante cuestión de cómo los seres humanos, en numerosas ocasiones, tomamos decisiones sobre asuntos o situaciones muy complejos, sin apenas pensarlo conscientemente, en un parpadeo (“Blink”, así se titula en inglés el libro de Gladwell). Gracias a un reconocimiento de una serie de patrones característicos, que se produce a nivel inconsciente, uno reacciona rápidamente y detecta si un determinado estímulo o circunstancia son peligrosos, falsos, incompletos, desmesurados, ajustados o no al contexto etc. Un experto en arte puede reconocer una falsificación sin poder dar cuenta de porqué la obra es falsa. Es lo que se conoce como conocimiento experto, y es el que se adquiere después de año de práctica y repeticiones de cierta clase de acciones y aprendizajes. Por ejemplo el de un médico, un jefe de bomberos o un ajedrecista.
Pero como apunta Daniel Kahneman en su libro Pensar Rápido, Pensar Despacio, la intuición puede surgir tanto de nuestros sesgos y sus correspondientes heurísticos (o atajos mentales), cuando construimos la historia más creíble a partir de los escasos datos disponibles por pura asociación con algo que no se relaciona más que superficialmente con lo experimentado u observado, como de un conocimiento del que no se tiene conocimiento explícito pero que está ahí almacenado en nuestro cerebro para ser usado cuando las circunstancias así lo exijan. A esa conclusión al menos llegaron él y Gary Klein, hasta entonces enfrentados respecto al origen de las intuiciones. Como es natural, Kahneman sostenía que eran los sesgos y los heurísticos (campo al que había dedicado gran parte de su trabajo profesional) los responsables de las respuestas calificadas como intuitivas, mientras que Klein consideraba que las intuiciones eran el fruto del conocimiento o juicio expertos. Tras llegar a un compromiso razonable lo convirtieron en un artículo científico publicado conjuntamente (pueden verlo pinchando aquí).

El caso es que en toda ocasión recurrimos a nuestros recuerdos, sean conscientes o inconscientes, episódicos, procedimentales o emocionales, para juzgar lo que nos rodea y tomar decisiones. Y al ritmo que suele ir la vida, incluso la contemplativa, la intuición es una poderosa herramienta que nos ahorra recurrir a un sesudo razonamiento y análisis que dejaría pasar las oportunidades y consumarse los peligros.
Pero ¿de qué pasta están hechos los recuerdos? ¿Se ubican todos en el cerebro? ¿Tienen algún correlato físico, entendiendo por tal algún tipo de reflejo en el resto del organismo? La respuesta es afirmativa. Ya desde que William James, padre de la Psicología americana y el psicólogo y físico danés Carl G. Lange propusieron la atrevida hipótesis de que las emociones eran el resultado de una activación fisiológica, contra la idea de que las emociones suscitaban dicha activación (me siento triste porque lloro, no lloro porque me siento triste), se ha ido profundizando cada vez más en el modo en que el cuerpo y la mente se relacionan.
Una visión convencional de la memoria y el olvidPero ¿de qué pasta están hechos los recuerdos? ¿Se ubican todos en el cerebro? ¿Tienen algún correlato físico, entendiendo por tal algún tipo de reflejo en el resto del organismo? La respuesta es afirmativa. Ya desde que William James, padre de la Psicología americana y el psicólogo y físico danés Carl G. Lange propusieron la atrevida hipótesis de que las emociones eran el resultado de una activación fisiológica, contra la idea de que las emociones suscitaban dicha activación (me siento triste porque lloro, no lloro porque me siento triste), se ha ido profundizando cada vez más en el modo en que el cuerpo y la mente se relacionan.

Hay dos vías principales a través de las cuales nuestras vísceras se comunican con el cerebro y viceversa: la hormonal, compuesta de mensajeros químicos que recorren el cuerpo por la sangre, y la nerviosa autónoma, con sus ramas simpática y parasimpática, que inervan a los distintos órganos para modular su actividad en función de los requerimientos del organismo como conjunto.

Uno de los principales ejes que conectan al cerebro con las vísceras es el nervio vago, de la rama parasimpática. Este nervio parece tener una importancia crucial en transmitir mensajes del cerebro al aparato digestivo y, lo que es más importante, del aparato digestivo al cerebro: el tráfico es mucho mayor de abajo a arriba. Trabajando en conjunción con las células endocrinas del sistema digestivo tiene en todo momento informado al ejecutivo del piso superior del cerebro de lo que pasa en “las cloacas”. ¿Pero cómo? ¿Qué hacen distrayendo al CEO de la Empresa, que mira desde la altura de su rascacielos a todo un amplio horizonte de posibilidades existenciales, con mensajes constantes desde los bajos fondos de los sucios intestinos, ese sistema de tuberías que absorben la comida ingerida y ¡puag! se desprenden de lo que no es absorbido en forma de algo hediondo e insalubre arrojándolo a los contenedores de basura del inodoro, fuera del glorioso edificio del cuerpo?

El llamado eje intestino-cerebro es hoy foco de un intenso interés por parte de científicos que distan mucho de ser escarbadores de suciedades. Son CEOs que toman muy en cuenta la información recibida en su despacho desde los sótanos de su cuerpo. De hecho desde la altura de su despacho otean múltiples horizontes y se interesan por toda la ciudad, por todos esos edificios que están constituidos de la misma forma y experimentan los mismos procesos. Quieren saber cuál es su importancia.


Porque ¿Tiene algo que decirnos el intestino delgado sobre los nervios que experimentamos ante una entrevista de trabajo? ¿Es el estómago un buen consejero para emprender un negocio? ¿Puede el intestino grueso sugerirnos el próximo plato que vamos a comer en el restaurante?

Es ya indudable la conexión entre el sistema nervioso entérico, que algunos llaman segundo cerebro (aunque a nosotros no nos merezca tal consideración por algo que se expondrá más adelante en la entrevista) y nuestras emociones e incluso cogniciones. Dicho “segundo cerebro” es el conjunto de células del sistema nervioso que recubren de principio a fin esa supuestamente tosca pero enrevesadamente compleja tubería del aparato digestivo, y constituye un auténtico imperio en términos de número de neuronas y sofisticación en sus conexiones. De hecho podría funcionar de forma autónoma y regular si se desconectara del cerebro por un corte en el nervio vago. Desde luego lo que se cocina ahí en las tripas es lo suficientemente importante para que no hagan falta instrucciones desde la dirección (¡Oído cocina!), mientras que las instrucciones dirigidas hacia el piso superior del cerebro exigiendo cambios de comportamiento no deben ser desoídas. Así que tanto si empieza en la tripa como si lo hace en algún lugar del cerebro emocional, de pronto uno “siente” los “sentimientos”, los somatiza, o bien, como sugerirían James y Lange, convierte “sensaciones viscerales” en “sentimientos”.
Están bien estudiados los circuitos del cerebro emocional inconscientes que asocian determinadas vivencias con emociones, dando origen a vagas sensaciones de malestar al entrar en un lugar en el que no se había estado nunca sin razón aparente o incluso a explosiones de estrés postraumático. La conexión del tálamo, centralita de la percepción, con la amígdala, centro del miedo y otras sensaciones intensas, puede llevar las huellas de antiguas vivencias grabadas a fuego. Como ninguno de esos centros neuronales se encuentran en la corteza no somos conscientes de porqué de repente nos sentimos mal o fantásticamente bien. Esa asociación inconsciente entre ciertos estímulos del entorno y ciertas emociones es una forma de memoria emocional inconsciente.


Estos centros también están conectados por aferencias provenientes de las vísceras y envían eferencias a las mismas, con lo que algunas memorias emocionales realmente se pueden grabar en circuitos que conectan el cerebro y el aparato digestivo. Y así uno de pronto siente que no se encuentra bien del estómago, nota en él una punzada, y ni siquiera Freud con todos los psicoanalistas que le han sucedido trabajando en ello podrían decirle exactamente porqué la experimenta, indagando con sus toscas herramientas psicodinámicas en la mente del paciente.   O quizás sí. Puede usted experimentar diarrea cada vez que tiene que hacer una presentación. ¿No es tan fácil como decir que el pavor que le produce hacer una presentación le provoca ese torrente incómodo y maloliente que procura evacuar en un lugar seguro y apartado?

La cuestión aquí es parecida a la de las causas inmediatas y las causas últimas en la evolución biológica. Que usted se vaya de…cuando tiene que….parece una relación causal bastante plausible, incluso teniendo en cuenta que correlación no implique causalidad. Pero la causa última, la que verdaderamente importaría a un médico que tratara de curarle, o al menos de entender lo que realmente le pasa, aunque no pueda hacer nada, radica en conexiones establecidas entre el sistema nervioso central y el sistema nervioso entérico, muchas de las cuales son inconscientes, y muchas de las cuales están grabadas temprano en la vida y son muy difíciles de….desatascar. Difícilmente se irán por la cañería cuando tiremos de la cadena con el resultado de la acción de nuestros nervios en nuestro intestino.
Hay pues que pensar también en una memoria digestiva. Cada uno tiene sus propios rituales digestivos de los que probablemente, y con fortuna, no sea consciente. Quienes padecen la enfermedad de Crohn, la colitis ulcerosa o el Síndrome del intestino irritable serán mucho más conscientes de ellos (con síntomas imposibles de obviar) que de los propios bucles emocional-digestivos que podrían estar en su origen.
Así que tenemos, de todo este desarrollo, algunos puntos clave que pueden servir de guía:
1.- El cerebro está conectado al sistema nervioso entérico y existe una comunicación bidireccional entre ellos muy fluida.
2.- Nuestras emociones se ven afectadas por lo que suceda en nuestro aparato digestivo y nuestro aparato digestivo se ve afectado por nuestras emociones. Se crean con ello circuitos que se refuerzan y activan ante determinados estímulos.
3.- Guardamos memorias en el cerebro, memorias episódicas, memorias procedimentales y memorias emocionales. Algunas de estas memorias están bajo el umbral de la consciencia. Estas memorias, en particular las inconscientes, están vinculadas con el aparato digestivo, lo cual podría decirse que genera cierta forma de memoria digestiva.
4.- El cerebro, cuando toma decisiones, recurre la mayor parte de las veces al sistema rápido e inconsciente, lo cual puede salvarnos o perdernos, según lo que afrontemos y el conocimiento explicito o implícito que tengamos de ello. Esas decisiones rápidas, conocidas como decisiones instintivas, responden a memorias almacenadas tanto en el cerebro como en el aparato digestivo, o lo más seguro en un almacén compartido.
Y después de todo esto tocaría hablar de los microorganismos que viven en nuestros intestinos, pero es un tema tan tratado ya, hemos hablado tanto de él, que podríamos reducir el mensaje a un solo párrafo, que constituye el quinto punto:
5.- Ellos estaban antes que nosotros, produjeron las moléculas que usamos en nuestras comunicaciones, las usan para comunicarse con nuestro intestino, nuestro sistema inmunitario y sí, nuestro cerebro. Ahora están tratando de descifrar los archivos secretos de esas conversaciones mantenidas durante cientos de millones de años (de hecho, miles).
¿Creen, queridos lectores, si es que han llegado hasta aquí, que entienden lo que puede significar “pensar con el estómago”? A mí me parece claro. Aunque el título en inglés de la obra sea The Mind-Gut Connection, los editores de Grijalbo decidieron titularlo “Pensar con el estómago”, que tampoco es que esté mal, pero suena más a libro de autoayuda. El autor, el Dr Emeran Mayer, se ha dedicado a esa conexión entre la mente y el intestino desde los comienzos de su carrera con verdadero empecinamiento. Su trabajo es sobresaliente: el libro no vende falsas esperanzas, ni tiene nada que ver con otras obras como la del Dr. David Perlmutter, más encaminado en su trabajo a vender libros como churros con ataques al gluten y dietas milagro que a explicar lo que sucede en nuestro cuerpo. Y sin embargo la crítica elogiosa de la contraportada es del Dr. Perlmutter. No debe extrañar que el elogio del superventas acompañe al libro, pero sí lo hace que el de Antonio Damasio, Martin J. Blaser, Michael D. Gershon o Rob Knight se encuentren escondidos en la contrasolapa de la portada.
Y ahora viajemos al remoto pasado e imaginemos los primeros sistemas digestivos con sus sistemas nerviosos circundantes y sus microorganismos colonos habituales y pensemos en cómo la evolución nos ha llevado hasta aquí, porque el Dr Mayer ha tenido la amabilidad de responder un breve cuestionario para nosotros.
Para quien quiera profundizar aún más en el tema aquí tienen su libro: Pensar con el estómago. Dr Emeran Mayer. No les defraudará, salvo que lo que busquen sean respuestas estereotipadas a preguntas tipo. Es un libro de ciencia.
En inglés:
1.- What was the first language of the earth?
The first biological language on earth was the signaling code developed by the microbes living in the oceans to communicate with each other.  These microorganisms had billions of years to develop this language and store this knowledge in their millions of genes.  After some of the microbes settled in the digestive system of primitive marine animals (like the hydra), some of this genetic information was transferred by the microbes to the marine animals, and this information ultimately became the basis for the development of signaling molecules and neurotransmitters in our nervous system. A similar process of lateral gene transfer may have occurred between microbes and plants, as plants also share many of the same signaling molecules with us.  I have called this a universal biological language which is shared by all living creatures on planet Earth
2.-From an evolutionary perspective, which one do you think was the first brain?
There is no question, that the nerve nets surrounding the digestive tubes of primitive marine animals like the hydra represented  the first nervous system in evolution.  Even though these nerve nets developed some 500 Million years ago, their basic architecture has been preserved all the way to our own enteric nervous system (often falsely referred to as the “second brain”).  With the development of polar animals (animals with a head), a brain outside of the gut developed which ultimately became our brain.  While the functions of the first brain (peristaltic reflex, regulation of digestive function) remained in the enteric nervous system, all functions related to optimal functioning in the environment (cognition, emotion, locomotion) and homeostasis of the organism were transferred into the main brain.  Because of this development from the first brain in the gut to the second brain in our heads, both systems share the same neurotransmitters and they are closely connected by neurons, hormones and cytokines with the brain gut axis.
3.- How does our diet affect our physical and mental well-being?
In addition to providing nutrients to our body, complex carbohydrates from plants (fiber) provides food to the gut microbes. These microbes turn the fiber (which our gut cannot break down and absorb) into absorbable molecules (like short chain fatty acids) which also can signal to the endocrine cells in our gut, and to the vagus nerve.  These signals can reach the brain either through the circulation or via vagal nerve activity and affect brain structure and function.  A good example for this communication is the feeling of fullness and wellbeing after a meal, or the nausea and bad feeling associated with food poisoning.  An unhealthy diet (high animal fat, high sugar, low in fiber) will change the gut microbiome, make the gut more leaky, and cause low grade immune activation, which can also affect the brain.  Low grade immune activation can be associated with such symptoms as brain fog, fatigue and loss of energy.

4.- Stress is a complex adaptive mechanism for survival that sometimes overflows. What role do our gut and their microbial inhabitants play in our predisposition to suffer it and in its modulation?
While acute stress is adaptive and essential for our survival, chronic and sometimes severe stress triggers maladaptive changes including low grade inflammation throughout the body.  Gut microbes are affected by chronic stress in both a direct and indirect way:  Norepinephrine levels increase inside the gut lumen (spill over from sympathetic innervation of the gut) and interact with adrenergic like receptors on many strains of microbes, changing their gene expression pattern and making them more virulent.  Stress can change many gut functions including regional motility, secretion, blood flow and intestinal permeability.  These stress induced changes modify the environment that microbes live in, decreases the abundance of certain microbes (in particular lactobacilli) and increases the leakiness of the gut.  All these changes give gut microbes more access to the gut associated immune system, leading to low grade immune activation in the gut and throughout the body.
5.- Joseph Ledoux discovered a brain circuit between the thalamus and the amygdala that allowed the generation of unconscious emotional memories. But you have proven that the guts also remember and condition our decision-making. How does this visceral memory work?
The gut and its nervous system don’t have the same type of memory that our brain has.  However, events that occur early in life, during a period when the gut microbial community structure is established, are able to shape the microbiome for the rest of a person’s life.  In addition, I have proposed that the gut reactions which occur as part of every emotion can be stored as part of emotional memories in the brain, analogous to what Antonio Damasio called somatic markers.  The brain stores billions of such emotional memories during a lifetime and can recall them when making a gut based decision.  In other words, the memories are form in the CNS and include a memory of the gut reaction associated with every emotion.

6.- The immune system also has memory. And much of it works along our digestive tract. What kind of relationships exist between the somatic cells of our army and our diplomatic corps of the immune system and the intestinal microbiota?
There is a close interaction between the gut associated immune system and the gut microbes. It starts early in life when the immune system is being trained to differentiate between self and non-self, a training in which microbial organisms from the environment play an important role.  Compromised training of the immune cells and formation of immune based memories are thought to be responsible for many autoimmune diseases and food allergies.  Throughout life there is a close interaction between certain gut microbes with the adult immune system, in particular under conditions of a reduced gut barrier, a so called leaky gut.
7.- And between the early memories of the cranial brain, the digestive system and the immune system …. are created from infancy, as Freud defended, unconscious memories that mark us for life? What role do our genes play and what do our experiences (particularly early ones) play in our destiny?
As you state, memories are formed at multiple levels of the brain gut microbiome axis.  I proposed that we may have access to the vast database of  emotional memories of gut feelings (somatic markers) that are being generated throughout life during our dreams, and that the beautiful and often highly personal “movies” we are “watching” when we dream are being generated from these memories.  The operating system of our brain gut microbiome axis is established early in life when our genetic programs are being shaped by environmental influences through epigenetic mechanisms.

8.- What are you working on now?
Two major projects:  1. To identify the role of gut microbes in modulating ingestive behaviors, in particular the microbial metabolites that can modulate the brain’s reward system to produce the craving for high fat, high sugar containing foods.  2. To identify the role of gut microbial metabolites, in particular tryptophan metabolites to modulate brain function in patients with irritable bowel syndrome.


En Castellano:
1.- ¿Cuál fue el primer lenguaje de la tierra?
El primer lenguaje biológico de la tierra consistió en un código de señales desarrollado por los microbios residentes en los océanos para comunicarse entre sí. Estos microorganismos dispusieron de miles de millones de años para desarrollar este lenguaje y almacenarlo como conocimiento inscrito en sus millones de genes. Una vez establecidos algunos de estos microbios en el sistema digestivo de los animales marinos primitivos (como la hidra),  parte de esta información genética se transfirió desde los microbios hasta los animales marinos hospedadores, convirtiéndose en última instancia la información transferida en la base para el desarrollo de moléculas de señalización y de los neurotransmisores de nuestro sistema nervioso.  Podría haberse dado un proceso similar de transferencia génica lateral entre microbios y plantas, dado que las plantas también tienen en común con nosotros muchas de las mismas moléculas de señalización. A esto lo he denominado lenguaje biológico universal, pues es compartido por todas las criaturas vivientes en el planeta Tierra.
2.-Desde una perspectiva evolucionista, ¿cuál diría que fue el primer cerebro?
No cabe duda de que las redes nerviosas que rodearon los tubos digestivos de los animales marinos primitivos como la hidra representaron el primer sistema nervioso en la evolución. Pese a que estas redes nerviosas se desarrollaron hace unos 500 millones de años, su arquitectura básica se ha conservado hasta ahora y podemos apreciar en nuestro propio sistema nervioso entérico (a menudo denominado falsamente  “segundo cerebro”). Con el desarrollo de animales polares (animales con cabeza), se desarrolló un cerebro fuera del intestino que en última instancia se convirtió en nuestro cerebro. Mientras las funciones del primer cerebro (el reflejo peristáltico, la regulación de la función digestiva) permanecieron en el sistema nervioso entérico, todas las otras funciones relacionadas con un funcionamiento óptimo en el ambiente (cognición , emociones, locomoción) y la homeostasis del organismo se transfirieron al cerebro principal. Debido a este desarrollo que llevó del primer cerebro en el intestino hasta el segundo cerebro en la cabeza, ambos sistemas comparten los mismos neurotransmisores y están estrechamente conectados por neuronas, hormonas y citoquinas en el eje intestino-cerebro.
3.- ¿Cómo afecta nuestra dieta a nuestro bienestar físico y mental?
Además de proporcionar nutrientes a nuestro cuerpo, los carbohidratos complejos de las plantas (la fibra) proporcionan alimento a los microbios intestinales. Estos convierten la fibra (que nuestro intestino no puede descomponer y absorber) en moléculas absorbibles (como los ácidos grasos de cadena corta) que además envían señales  a las células endocrinas de nuestro intestino y al nervio vago. Estas señales pueden llegar al cerebro a través de la circulación o a través de la actividad del nervio vago y afectar la estructura y al funcionamiento del cerebro. Un buen ejemplo de esta clase de comunicaciones es la sensación de plenitud y bienestar después de una comida, o las náuseas y las malas sensaciones asociadas con la intoxicación alimentaria. Una dieta poco saludable (con alto contenido en grasa animal, azúcar y pobre en fibra) cambiará el microbioma intestinal, generará una mayor permeabilidad intestinal y provocará una reacción inmune de bajo grado, que podría también afectar al cerebro. Dicha activación inmune puede asociarse con síntomas tales como confusión mental, fatiga y pérdida de energía.
4.- El estrés es un complejo mecanismo de adaptación para la supervivencia que a veces se desborda. ¿Qué papel juegan nuestro intestino y sus habitantes microbianos en nuestra predisposición a sufrirlo y en su modulación?
Si bien es cierto que el estrés agudo es adaptativo y esencial para nuestra supervivencia, el estrés crónico y, a veces severo, desencadena cambios patológicos, que incluyen inflamación de bajo grado en todo el cuerpo. Los microbios intestinales se ven afectados por estrés crónico de forma directa e indirecta: si los niveles de norepinefrina aumentan dentro de la luz intestinal (por un derrame desde la inervación simpática del intestino) e interactúan con los receptores adrenérgicos de muchas cepas de microbios, cambian su patrón de expresión genética y los vuelven más virulentos. El estrés puede afectar a muchas funciones intestinales tales como la motilidad regional, las secreciones, el flujo sanguíneo y la permeabilidad intestinal. Estos cambios inducidos por el estrés modifican el entorno en el que viven los microbios, disminuyendo la abundancia de algunos de ellos (en particular, los lactobacilos) y aumentando las filtraciones del intestino. Todos estos cambios dan a los microbios intestinales un mayor acceso al sistema inmune que rodea al intestino, lo que lleva a una activación inmune de bajo grado tanto en el intestino como en el resto del organismo.
5.-Joseph Ledoux descubrió un circuito cerebral entre el tálamo y la amígdala que permitía la generación de recuerdos emocionales inconscientes. Pero usted ha demostrado que nuestras tripas también recuerdan y condicionan nuestra toma de decisiones. ¿Cómo funciona esta memoria visceral?
El intestino y su sistema nervioso asociado no tienen el mismo tipo de memoria que alberga nuestro cerebro. No obstante lo cual, los eventos que acaecen en las fases tempranas de la vida, durante el período en el que se establece la estructura de nuestra comunidad microbiana intestinal, pueden dar forma al microbioma de una persona para el resto de su vida.  Además, he propuesto que las reacciones viscerales que acompañan a cada emoción pueden almacenarse como parte de los recuerdos emocionales en el cerebro, un proceso que actuaría de modo análogo a lo que Antonio Damasio denominó marcadores somáticos. El cerebro almacena miles de millones de recuerdos emocionales a lo largo de la vida que pueden emerger cuando tomamos una decisión visceral. Dicho de otro modo, los recuerdos se forman en el sistema nervioso central  y contienen un recuerdo de las reacciones intestinales asociadas con cada emoción.
6.- El sistema inmune también tiene memoria. Y gran parte de su trabajo se desarrolla  a lo largo y en derredor de nuestro tracto digestivo. ¿Qué tipo de relaciones existen entre las células somáticas de nuestro ejército y  cuerpo diplomático inmunitarios y la microbiota intestinal?
Existe una estrecha interacción entre el sistema inmune asociado al intestino y los microbios intestinales. Comienza temprano en la vida cuando el sistema inmune es entrenado para diferenciar entre el “yo” y el “no yo”, un entrenamiento en el cual los organismos microbianos del ambiente juegan un papel importante. El comprometido entrenamiento de las células inmunitarias y la consiguiente formación de recuerdos inmunes son responsables de muchas de las enfermedades autoinmunes y de las alergias alimentarias. A lo largo de la vida se da una estrecha interacción entre ciertos microbios del intestino con el sistema inmunitario adulto, en particular cuando se da la circunstancia de que la barrera intestinal se ve reducida, lo que se conoce como intestino permeable.
7.-Y entre los primeros recuerdos del cerebro craneal, del sistema digestivo y del sistema inmunitario … se crean desde la infancia, como defendió Freud, recuerdos inconscientes que nos marcan de por vida. ¿Qué papel juegan nuestros genes y cuál nuestras experiencias (particularmente las tempranas) en nuestro destino?
Como bien dice, los recuerdos se forman en múltiples niveles del eje  microbioma-intestino-cerebral. Yo propuse que podríamos acceder a la vasta base de datos de los recuerdos emocionales de las sensaciones viscerales (los marcadores somáticos) que se crean a lo largo de nuestras vidas, y que las bonitas y a menudo altamente personales “películas” que estamos “visionando” mientras soñamos son generadas a partir de estos recuerdos. El sistema operativo de nuestro eje microbioma-intestino-cerebro se establece temprano en la vida cuando nuestros programas genéticos se ven moldeados por influencias ambientales a través de mecanismos epigenéticos.
8.- ¿En qué está trabajando ahora?
Principalmente en dos proyectos:  1. Identificar el papel de los microbios intestinales a la hora de modular los comportamientos de ingestión alimentaria, en particular  de los metabolitos microbianos que pueden modular el sistema de recompensa del cerebro para generar el ansia de alimentos con alto contenido en  grasas y azúcares.  2. Identificar el papel de los metabolitos microbianos intestinales, en particular los metabolitos de triptófano, para modular la función cerebral en los pacientes con el síndrome del intestino irritable.